jueves, 14 de octubre de 2021

Mudanzas



La mayor parte de las prendas tienen su razón de ser para permanecer conmigo.
Sobre todo la camisa.
Me asombra la facilidad que tienen los políticos para cambiarse de ella. Como la facilidad con la que se producen las rupturas de parejas; o la soltura de tantos en deshacerse de principios supuestamente asumidos; o el afán de tirar prendas, apenas utilizadas, por otras que aparentemente deslumbran, pero que en realidad son solo reclamos para seguir esclavizando a modas y tendencias forzadas. 
Por eso en mis mudanza, casi siempre obligadas, he sentido el delirio del desprendimiento. Porque cada mudanza lleva consigo la ruptura de una parte de mi vida.

Tomo conciencia de la importancia de permanecer en la misma vivienda como elemento identitario. Mis ancestros así lo vivían. Y yo, que he andado toda la vida, de la ceca a la meca, a estas alturas de la vida, la mudanza, en sentido genérico, me supone un suplicio. Como si, un poco, me arrancaran la piel. 

miércoles, 13 de octubre de 2021

Flexibilidad mental

 



Intentar convencer a alguien de que sus postulados y visión de la realidad son  erróneos, es una tarea inútil. Prácticamente es imposible que cambie de posición cuando su postura obedece a alienación ideológica, a anclajes de ideas preconcebidas o estar sumergido hasta el cuello en 
principios auspiciados por una educación mamada desde la niñez. Solo suelen producirse cambios en quien tiene capacidad para poner en cuestionamiento sus propias convicciones. Quienes han adquirido la suficiente altura de miras como para ver la realidad desde la distancia suficiente como para no someterse al veredicto de las influencias manipuladoras de proximidad. Los que han logrado la flexibilidad mental para admitir cualquier controversia que interrogue sus seguridades.

martes, 26 de enero de 2021

En la entraña

 

Casi es imposible entenderse cuando se parte de planteamientos éticos, principios morales y anclajes de perspectivas de humanización antagónicas. Las ideologías, que se sustenta en este tipo de fundamentos, llevan a enfrentamientos dialécticos sin margen para la conciliación. Cada uno defiende a capa y espada su postura, convencido de que tiene la razón. En muchos casos, supongo, que con recta intencionalidad. En otros, tengo la impresión, que cargados de bastante inquina, cuando no de odio, a quienes están en la perspectiva diferente.

Estas situaciones quedan ilustradas en controversias suscitadas con problemas sociales: situación de inmigrantes, llegada a nuestro mundo occidental de personas en patera, establecimiento del ingreso mínimo vital, subvenciones otorgadas a personas vulnerables...

Es frecuente escuchar razones de rechazo a ayudas y prestaciones sociales alegando que, lo que tienen que hacer estos sujetos, es ganarse la vida en sus países de origen, dejar de ser vagos y trabajar (dando por supuesto que prefieren no hacerlo porque pueden vivir “comiendo la sopa boba”), etc. Desde la seguridad en la que se vive (y pensando que es algo a la que solo yo y mi limitado mundo tiene derecho), se culpabiliza a quienes pueden traer inseguridad, incluso, en ocasiones, culpabilizar a la propia conciencia personal. Porque es muy socorrido ampararse en la supuesta mala conducta de los diferentes, para desentenderse de la propia irresponsabilidad (al no asumir la solidaridad con los que debería implicarme).


jueves, 21 de enero de 2021

Ideología

 


Qué importante es ir afianzando, desde la infancia hasta la madurez, una escala de valores (principios éticos, virtudes, cualidades). Esta escala constituirá la columna vertebral para no andar por la vida dando tumbos. Desde esta integración uno puede situarse y tomar partido ante todo lo que le rodea con base sólida y enjuiciar los acontecimientos desde una perspectiva personal. No desde posturas que te llegan desde fuerzas clandestinas, interesadas en tu manipulación.

Y desde esta escala, cada persona se ubica en un marco de ideología.

La ideología es fundamental para el hombre. Es el cuerpo de ideas estructuradas de un modo coherente, en base a una escala de valores. Sin ideas la persona es una marioneta esclava de quien quiera manipularla. Ahora bien, una cosa es tener una referencia ideológica y otra, el seguimiento acrítico de ideologías. Es peligroso seguir a ideologías externas, porque con frecuencia, éstas pueden estar desvirtuadas, se alejan de los principios por los que se generaron y pierden el valor fundacional que le daban su fortaleza moral. Es entonces cuando se hace perentorio volver a las ideas del origen, y así poder renovarlas de continuo.

Las ideas hacen posible que uno se sitúe críticamente y percibir de este modo qué es coherente, que tiene sentido y que carece del mismo.

Así, volviendo a las fuentes de las ideologías, que generalmente surgen tras experiencias significativas y la reflexión sobre las mismas, uno puede identificarse o no con ellas. 

martes, 19 de enero de 2021

La importancia de sentirse limitado

 

Crecí en un ambiente de positividad hacia los otros, hacia el prójimo. Las enseñanzas de mis padres me impulsaban a hacer el bien a los demás, y por supuesto, ningún daño. Eran los valores de una educación tradicional con raigambre católica, como no podía ser de otra manera en aquella época, con sus limitaciones, pero también con referencias claras a no vulnerar los derechos de las personas.
Pero en el ámbito en el que viví mis primeros años, no llegué a tener conciencia de la existencia de los homosexuales, ni me topé con ningún negro, ni chino, ni búlgaro, ni de cualquiera otra raza que no fuera la mía. Como mucho, en alguna ocasión, me sorprendieron algunos fíngaros, que iban trashumantes de un lado para otro, y se asentaban a las afueras del pueblo, con alguna cabra entrenada para hacer acrobacias, para después de actuaciones improvisadas en la plaza del pueblo, pasar la boina y sacar algún diezmo para tener algo que llevarse a la boca. Sí que me resultaban raros, como proviniendo de otro planeta, y las aseveraciones que recibía de los familiares de que no me mezclará con ellos, que era gente de malvivir, me llevaban a pensar que estos no eran prójimos, a los que había que acoger según el catecismo católico.
Tampoco me sorprendió que mi madre estuviera entregada a la crianza de los hijos y tareas del hogar, mientras mi padre trabajaba en el campo. Con la estricta separación de roles en virtud del sexo.



Más tarde, descubrí que el mundo era plural, que las personas no respondían al estricto arquetipo con el que me había familiarizado en mi infancia. Existían otras razas, otra maneras de vivir la sexualidad, otros modos de asumir roles entre hombres y mujeres...; descubrimiento que chocaba con la concepción de la realidad mamada desde la cuna.
Pero esos descubrimientos no me llevaron, sin más, a comportamientos integradores a la hora de asumir las diferencias. Encontrarme con un negro, por ejemplo, me producía un cierto temor (miedo al extraño), un homosexual me producía una repulsa visceral no querida, saber que una mujer renunciaba a ser madre por competir en un puesto de responsabilidad profesional, en competencia con un hombre, me producía perplejidad, etc. Respetar los derechos de todos era un emblema que llevaba dentro, pero no estaba preparado para aplicarlo a cada persona o grupo identitario en función de sus diferencias (era normal lo que que directamente había observado en mi infancia). Incluso en algunas ocasiones de mi vida adulta, me he sorprendido, con actitudes (inconscientes) que no son coherentes con el respeto a los derechos de la mujer, o del diferente, o del excluido por raza o condiciones vitales. 

Lo que llevas arraigado tiene un poderoso impacto. Y desde ahí, me reconozco imperfecto. Y es posible que haya que hacer un esfuerzo suplementario para responder al reto de respetar los derechos de los diferentes. No basta con decir: no soy racista, no soy machista, no soy homófobo...; es posible que, para liberarme de las esquirlas que llevo dentro, tenga que adoptar una postura más combativa: ser antirracista, antimachista, antihomófobo, ... Es decir, tomar una postura combativa en respuesta a cada grupo diferenciado de personas.

Por eso me sorprendo con mensajes, que parecen bondadosos pero malintencionados en el fondo, que circulan por las redes como el siguiente:
"A un niño: No se enseña a respetar a un gay. Se enseña a respetar a cualquiera. No se enseña a no pegar a un negro. Se enseña a no pegar a nadie. No se enseña a respetar a la mujer. Se enseña a respetar a todos.  El problema es de quien quiere diferenciar entre «respetos». No se le enseña a colectivizar sino a no colectivizar. Hablar todo el día de las mujeres, los negros o los homosexuales es acostumbrar a diferenciarlos como colectivos. Es sembrar prejuicios en el fondo."

Cuidado con esos mensajes que parecen tan razonables que nos inducen a afirmarlos por su obviedad. Por lo general encierran trampas, y suelen estar generados por quienes pretenden obstaculizar el avance hacia una sociedad donde se respeten los derechos de quienes les están siendo vulnerados. 
Ya el dicho de "lo que sirve para todo, en realidad no sirve para nada" debería ponernos en alerta ante estos mensajes.

La trampa reside en atribuir, en el contexto social e histórico en el que vivimos, el mismo punto de partida para todos. Pero es que este no es el caso. Vivimos en un contexto donde el trato otorgado a las personas en función de sus diferencias por razones de raza, de sexo, de poder adquisitivo, de condiciones de marginalidad, etc. es tan injusto que necesariamente se ha de enseñar a un trato específico en función de sus características para que llegue a ser justo.  

La suma de los respetos a cada colectivo, a cada persona diferenciada..., es la que logrará el respeto a todos, y no el plantear la quimera de respetar a todos, va a traer la consecuencia de que se respete al diferente. Cuando un niño ve que en el contexto en el que vive, el desprecio a la mujer es normal, si no se le enseña a analizar que la mujer lleva desde siglos sometida al hombre, va a creer que respeto a la mujer no tiene que ver con esas conductas de menosprecio que ha visto como normales.

lunes, 4 de enero de 2021

Reflexión desde la perspectiva religiosa

 

Es evidente que la religión juega un papel importante en muchas personas. A pesar de vivir en un mundo (me refiero al de Occidente) en el que la secularidad ha adquirido la condición de atributo por excelencia de nuestra existencia, son muchos los que siguen, de una u otra manera, vinculados a la fe en la que creyeron sus ancestros.





Creyente se puede ser de muchas maneras, aunque no todas son compatibles con las enseñanzas de Aquel en cuyo honor (al menos por tradición) celebramos estas fiestas. La mayoría de los que siguen referenciados a la religiosidad lo hacen con una mezcla de sentimientos arraigados en su interior (generalmente de modo privado, como si fuera algo oculto que no tuviera sentido divulgar) y una especie de nube de principios morales que se confunden por lo general, con posiciones ideológicas (la más de las veces conservadoras). Quienes viven desde esta perspectiva, alimentan su condición de creyentes asistiendo a las actividades de culto y las diferentes celebraciones litúrgicas como si fueran obligaciones para llevar sobre su piel el sello de su identidad creyente.
Uno se pregunta muchas veces qué tiene que ver esa manera de religiosidad con la vinculación al Proyecto vital de Jesús de Nazaret que descubrimos en El Evangelio. Porque en esta manera de seguimiento, lo esencial es asumir un proyecto existencial en el que la transformación de una realidad injusta (que hace a tantas personas infelices, pobres, oprimidas, vilipendiada, vulnerables, discriminadas, objetos de la violencia...,) hacia una realidad diferente (que posibilite la fraternidad, el servicio a los que apenas cuentan...), sea el empeño fundamental de los seguidores del Nazareno.

miércoles, 10 de octubre de 2018

El pensamiento crítico


Me asombra el despliegue que en redes sociales tienen las informaciones falsas, que atribuyen a grupos, partidos políticos, personas, etc. manifestaciones y hechos sacados de la chistera de ideologías rupestres, racistas o de radicalismos a ultranza. Se trafica con invenciones que tratan de desprestigiar al oponente, al que se posiciona de forma diferente; o simplemente hacer adeptos y generar clientelismo entre la gente de buena fe. En el fondo, con intereses mezquinos, aprovechándose de la ausencia de criterios sólidos de los usuarios de las redes, a sabiendas que esa mecha incendiaria puede prender fácilmente sobre la yesca seca de personas acríticas y vulnerables que, a su vez, propagan ingenuamente esos embustes como si hubieran descubierto la piedra filosofal.

Más que nunca, vivimos en un momento en el que, el fomento del pensamiento crítico, es una necesidad imperiosa. Aunque solo sea como escudo protector y estrategia insoslayable para buscar la verdad de cuanto nos rodea. Siempre lo ha sido, pero ahora mucho más que nunca. Pero se da la paradoja de que, si el crecimiento de la complejidad y de los embustes a los que somo sometidos, por activa y por pasiva, por la inmensidad de canales que llegan a nuestra vida, harían necesario un fortalecimiento de la conciencia personal sobre la realidad, esa necesidad no se aborda, pues choca con la ausencia de una verdadera educación que fomente ese pensamiento crítico capaz de desenmascarar lo obscurantista e iluminar la verdad. Ausencia desde las aulas en las que aprenden nuestros hijos, y ausencia en los diferentes canales y medios sociales a los que vivimos enganchados diariamente todos.
Son aleccionadoras, al respecto, estas opiniones de Jesús Quintero que pueden escucharse en el siguiente enlace:
https://www.facebook.com/SpanishRevolution/videos/1697264400362354/UzpfSTE2MjEyNDg3Nzg6MTAyMTUwODc1OTg4NTYzMDk/?fref=pb&hc_location=friends_tab

martes, 28 de marzo de 2017

"Pinchar en hueso", enfermero sin licencia.

Me sorprende mi diario recordándome que  tuve que acompañar al hospital a un alumno del centro. Por algún motivo se hacía necesario que lo reconociera algún especialista o debían aplicarle algún recurso clínico especial. Lo más frecuente era que un médico que teníamos asignado al internado, y que venía 2 ó 3 veces a la semana (y por supuesto cuando había alguna urgencia), fuera el encargado de tratar nuestras dolencias, que no solían comportar gravedad seria.
Dicho médico contaba con la ayuda de algún alumno del internado a quien se le reconocía en Calatrava como “el enfermero”. Durante algún tiempo me atribuyeron dicha función. No sé qué pudieron notar en mí para cargar sobre mis espaldas tal responsabilidad. Sin duda, cualquier otra, la hubiera asumido con un mayor espíritu y presteza, pero en lo tocante a las enfermedades siempre se me ha rebelado una tendencia pusilánime y cobarde. Impresionable donde los haya, sólo con ver sangre, heridas o vísceras, siento una repulsión cercana a la náusea. Trato de evitar, por todo ello, cualquier circunstancia que me aproxime al campo de la medicina. Sin embargo, por esas fechas, debió de asistirme una especial fortaleza, o tal vez las atribuciones de responsabilidad en la materia que recibí, me hicieron superarme a mí mismo, apechugando con tareas incómodas.

Tanto es así que acude a mi recuerdo algún episodio de especial complejidad para mis dubitativas destrezas clínicas, como el de poner inyecciones a algún alumno, previa la prescripción médica necesaria. No fueron muchas, pero un par de ellas hubo. Por alguna razón, en esas ocasiones el doctor tenía dificultades para personarse en el internado y delegó sobre mí el delicado asunto. Creo que una de las veces estuve a la altura de las circunstancias, finalizando la tarea con notable acierto. Debió socorrerme en la distancia el impulso de mi madre, que para la habilidad de inyectar era singularmente diestra (el propio médico local le encomendaba tal quehacer en muchas ocasiones). Pero en otro caso debí de “pinchar en hueso”, simbólicamente hablando, se entiende, pues a consecuencia de impulsar la aguja de forma inadecuada, ésta se rompió y tuve que acudir a D. Tristán, superior avezado en estas lides, para que arreglara el descalabro.

jueves, 23 de marzo de 2017

Orgullo herido

Seguramente ocurrió algún imprevisto y el profesor de turno tuvo que ahuyentarse. Solía ocurrir con frecuencia en nuestro internado. Cuando un superior encargado de la vigilancia de la biblioteca, del salón de estudio o de una clase, tenía que interrumpir su tarea por motivos mayores, traspasaba su autoridad de mando a alguno de los alumnos que contaban con especial prestigio. En las clases esta tarea recaía casi siempre en el alumno más aventajado. Es decir, el más empollón. Para la mayoría de los profesores el éxito escolar se identifica con actitudes manifiestas de responsabilidad. Aunque en honor a la verdad no siempre esas actitudes son tan manifiestas y se le atribuyen al sujeto como consecuencia del éxito. De las aptitudes a las actitudes se pasa de modo más o menos gratuito y con demasiada facilidad. Vivimos en una sociedad en la que el éxito es atribuido muy ingenuamente a la honradez o el trabajo.
El caso es, que este día, la probable partida del profesor dejaría en manos de un compañero la responsabilidad disciplinaria durante el tiempo que durara su ausencia. Y el compañero tenía que apuntar en un folio las conductas no adecuadas que se realizaran en clase, con los nombres de los protagonistas de la misma. Así fue como yo caí en la red de los sujetos apuntados en la lista negra, por sabe Dios que conducta inoportuna. Como consecuencia ese día me dio un repaso el profesor de Química. Un repaso a mis conocimientos sobre la disciplina, se entiende. Según mi diario las cuestiones sobre las que me examinó no comportaron especial dificultad para mí. Tuve la suerte de que hurgó precisamente en los conocimientos que había preparado, dejando de lado otros en los que tenía una ignorancia supina.

Al escribir el diario de ese día, me sentía atribulado, no tanto por el episodio en Química, del que como he comentado salí más o menos airoso, sino por la amargura moral que había sufrido al figurar en aquella lista negra. No estaba yo acostumbrado a figurar en este tipo de listas y este hecho hería en lo más profundo mi orgullo. 

lunes, 27 de febrero de 2017

Lejos de las raíces


Fue un tiempo en el que vivir alejado de mis raíces me proporcionaba un sentimiento de estabilidad. Por ello, las vacaciones, puentes u otros eventos que suponían volver al pueblo, no eran motivo de gozo. Mientras mis compañeros deseaban con satisfacción la llegada de esas fechas que suponían pasar unos días en sus casas, yo recibía tales injerencias en el vivir cotidiano con dosis apreciables de fastidio. Sentimientos encontrados se infiltraban sobre mí. Me apetecía encontrarme con mis padres, hermanos y familiares; pero rechazaba el hecho de volver a un escenario, el pueblo, dónde yo me sentía demasiado extraño, como fuera de mi hábitat natural.

Resulta insólito que alguien que ha tenido sus raíces profundas en el ámbito rural, sienta esta ambivalencia de sentimientos al reencontrarse con sus orígenes. Mas, el rechazo a la experiencia que tuve de trabajo en las faenas agrícolas, en una edad tan tierna, me había marcado tan negativamente, que sólo el hecho de acercarme a la villa me provocaba un temor inconsciente.

Se producían otras cuestiones que me desvinculaban de aquella realidad. El influjo que sobre mí tenía las referencias ancestrales, el modelo de religiosidad tradicional y las pautas educativas de naturaleza enfermizamente puritanas, que conformaban el familiar, me tenían constreñido, con falta de vuelo, como una gaviota indefensa atrapada en las redes olvidadas del puerto pesquero.

Me movía por el pueblo sin libertad, adoptando conductas postizas, reflejo del ideal que se suponía debía corresponderme. Trataba de representar el modelo de jovencito serio, respetuoso, responsable, educado, virtuoso, católico añejo...; y alejado del peligro de las chicas, porque como me enseñaron desde niño, “entre santa y santo...., pared de cal y canto ”. Conductas que me llevaban a mantener distancias, como si todo que supusiera cercanías pudieran contaminarme. Me relacionaba con mis paisanos como si portara un airbag invisible que me libraba de un posible choque destructivo.
 
Así pasaba por el pueblo sin integrarme en el corazón de su vida. Ausente de sus costumbres. Sin participar en sus juegos. Lejano de sus bailes. Mostrando frialdad ante posibles devaneos con el sexo femenino. Desvinculado de sus gozos y sus sombras.

Inhibido y desalentado, me sumía en una prolongada contemplación de cuanto me rodeaba desde el borde de una estratosfera indescifrable.

viernes, 24 de febrero de 2017

El suelo sobre el que te asientas














En los años adolescentes, la soledad se une a vivencias nostálgicas que colindan la depresión. Es una experiencia que se va alternando con otros episodios opuestos, en los que también fluye la euforia desatada y los sentimientos de felicidad extrema. Pero la soledad no es solo seña de identidad de los vaivenes en el humor de una psicología fluctuante en la pubertad. La soledad también es la expresión de vivir desubicado, de haber perdido referencias esenciales de orientación.

Ese mundo de tu infancia, sustentado en la profunda protección que supone el ámbito familiar, se va diluyendo. El impulso y la vitalidad proyectan la vida hacia unos horizontes vibrantes de ensueños y esperanzas. Pero a la vez, pocas veces se logra encontrar el apoyo, sobre el que tomar ese impulso que te lance a la conquista del nuevo mundo. No haces pie. Bajo el desarrollo físico y mental que experimentas, encuentras el vacío y la pasmosa sensación de vértigo. Y es que has perdido las referencias que protegían tu existencia.

En el futuro, la búsqueda de una seguridad que te permita afrontar la vida sin experimentar el vacío, va a ser una de tus obsesiones. O mejor dicho, te vas a asir a las seguridades como el modo sublime de asegurar tu defensa. Una de las seguridades esenciales va a venir conformada por la capacidad de establecer contacto con tus congéneres. Y vas a percibir que si encuentras lazos que te unen a otros en profundidad, no estás sólo. Cuando estos lazos cristalizan en la seguridad emocional que te brinda una pareja, crees haber tocado el cielo con las yemas de los dedos. Todo el horizonte se abre como posibilidades infinitas. Destierras las nubes grises que se han cernido sobre ti en tantos momentos. Mas, no te das cuenta de que en el fondo la trayectoria de tu vida se va a componer de acontecimientos deshilvanados, unidos sólo por ti como sujeto. Un sujeto que es una soledad.

Esa lección sólo se aprende cuando has perdido a tus familiares más allegados; cuando se ha deteriorado esa amistad que considerábamos eterna; cuando se van rompiendo esos lazos que te ligan a alguien especial y que presumíamos imperecederos; cuando tus hijos se han echado a volar...

Te costará aprender que la seguridad eres tú. Y que en el fondo, el ser humano, por mucho que se rodee de otras personas en las que también deposita su seguridad, por mucho que establezca urdimbres relacionales con multitudes de contactos, vive sumergido en la soledad inherente a su existencia. Esta es su miseria. Esa es su grandeza. Cuando se asume esa realidad incuestionable, los lazos que se establecen con las otras soledades, las otras personas, pueden hacerse duraderos y reconfortantes. Se sustentan en la verdad.

viernes, 28 de noviembre de 2014

EL 7º DE CABALLERÍA

El tiempo deslizándose en una ráfaga de metralla. Sin pausa, porque, cual tarde de domingo, se va consumiendo una nostalgia helada. Ya no hay batallas que librar, no ha vuelto el general Custer para dirigir la contienda contra Cheyennes y Sioux. Sólo queda dejarse conducir hacia adelante, con el pálpito afanoso para, al menos, arañar nuevos sueños, que hagan olvidar a los ya desvanecidos. Aunque éstos queden velados en los perfiles de lontananza. Las acuarelas de serpentinas se reflejan en las aguas inquietas del Pisuerga, que van atolondradas en busca de un destino. Y el loco, contemplando el ir y devenir de su caudal, intenta rozar con sus dedos las dos vertientes del río: la que se dirige hacia la meta confusa del desagüe y la que viene de la eclosión torrencial de su nacimiento. Mucho abarcar para tan poco vuelo. -----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
El tiempo proyectado hacia un infinito irreal. Eclosión de júbilo. Él alberga un pálpito, cree atenazar la historia entre sus manos. Embriagado por la fuerza que nace de una vida aún sin rasgaduras, Celemín se siente como el general Custer. Siente el fascinante impulso que le ha dejado la película de la tarde de domingo. Un tumulto originado por trescientas gargantas que gritan y aplauden enloquecidas cuando llega el 7º de caballería para librar al escuadrón que ha caído en manos de los indios. La vida por delante es una conquista de metas y espacios. Una amplia pradera por donde correr aspirando a bocanadas el oxígeno de la plenitud. Las cúpulas del castillo donde habita se hierguen como cipreses que acarician el cielo.

martes, 25 de noviembre de 2014

La felicidad

El loco se sorprende. Alguien le ha preguntado si es feliz. Por un momento en su cabeza siente el impulso a responder con otra pregunta. “¿Y qué es la felicidad?” (“¿Y qué es la verdad?”, responde Pilato a Jesús de Nazaret, poco antes de condenarlo). Y de algún modo siente que la respuesta a esa pregunta encierra también una especie de condena o una trampa. Lo políticamente correcto es decir que sí. Eres feliz. Decir que no, supone que los que te rodean te vean como alguien apestado. Vivimos tiempos en los que hay que vivir felices por prescripción facultativa. Los voceros que cuelgan slogans en las redes sociales (pasquines coloristas incitando al buen vivir, frases piadosas colgadas en el enlosado del ciberespacio, sentencias redondas atribuidas a maestros de filosofía oriental), o envían whapsap a diestro y siniestro a sus conocidos y allegados..., lo recomiendan encarecidamente en virtud de la imprescindible autoestima, de la entronización del individualismo, del necesario conformismo con el que debiera vivir cada uno, o de la huída hacia adelante escapando de pasados funestos... ¿Pero qué hay de verdad en ese flujo que se expande como un reguero artificial por los vericuetos de nuestro camino?, se pregunta el loco. Y se siente tentado a decir que no, aunque sólo sea por ir contra corriente o por situar la conquista de la felicidad en el horizonte de un proceso. ___________________________________________________________________________________________________________________________________________ Para Celemín, la pregunta sobre la felicidad es un modo de entrar en contacto: “¿Eres feliz”?, le lanza a una chica morena cuando se cruza con ella en dirección a los baños del Sgt Pipper's, en una de esas noches de frenesí discotequero. Un modo de contacto. Nada más. Porque él se da cuenta que la felicidad sólo puede ser un cuadro, un precioso cuadro pintado a acuarela, deslumbrante de colorido y armonía. Un cuadro que se va pintando poco a poco, con continuas correcciones y que nunca llega a estar terminado. Y hay que tener cuidado con el engaño. Porque en ocasiones, lo que aparece como felicidad, sólo son brochazos. Brochazos que con frecuencia son dados al buen tuntún, sin sentido de la estética ni encaje en el conjunto de la pintura. Borrones que oscurecen más que la revitalizan .

jueves, 13 de noviembre de 2014

La balaustrada

A la parte superior del castillo se accede por dos escaleras. La principal es magestuosa, de amplia anchura, adornada con floripondios que se distribuyen a lo largo de su balaustrada. En aquellos momentos la energía se desborda a raudales por todos los poros de su piel. El eje vertebrador que hace posible este derroche es la pasión por la vida. Una vida que cada día que pasa abre nuevas compuertas y el agua almacenada en su interior sale como un torrente, arrastrando por delante cualquier valla de negación que se interponga en su camino. Celemín trepa por las barandas de las escaleras del castillo, en sentido contrario a las leyes lógicas de la físicas, de abajo arriba, en una ascensión contracorriente. Contracorriente son también sus posiciones en las diferentes actitudes que tiene en la vida. Lo viejo, las posiciones conservadoras recibidas por imperativos ancestrales, de nada le sirven. Todo requiere un impulso creativo, el mundo está demasiado anquilosado y sometido a fuerzas estáticas que tratan de impedir a cada persona ser verdadero sujeto de su propia historia. ----------------- Pero ahora ya es otoño y el loco empieza a estar cansado de otear el horizonte, subido en la atalaya, abrumado por las esquirlas que le salpican en su posición de vigía. Ver pasar la vida le han convertido en alguien capaz de comprender los resortes que se esconden tras las conductas y actitudes de la gente que le rodea, pero siente que esa sagacidad no sirve para nada ni para nadie. Sólo para almacenar en el costal de su experiencia lastres infructíferos. Manojos de espigas enmohecidas que no sirven tan siquiera para utilezar sus frutos en nueva sementera. Se pudrirán irrevesiblemente en el rincón de lo anodino. Y es tan pesado el fardo..., toda una carga de producto inútil, un trasiego baldío arrastrado por los caminos pedregosos por los que el loco transita... Algo muy fuerte en su interior le impulsa a dar un salto hacia el vacío...,
¿Hacia arriba o hacia abajo? No sabe muy bien, ha desaparecido la balaustrada.

viernes, 13 de diciembre de 2013

CONCIENCIA

Traen siempre los recipientes llenos de consignas ficticias. Se amparan en su poder asociado a la embestidura gris realizada en algún feudo religioso. O en la fortuna económica que intentan retener y ampliar sin límites. Sí, sus prerrogativas..., tienen que blindarlas para diluir cualquier vendaval susceptible de sacudir sus cimientos y muros estratégicos. Llevan más de una década percibiendo una emanación, identificada por ellos como olor putrefacto, que les ha generado burbujas de inquietud. Son efluvio de fuerzas que alientan una sociedad nueva. Presión impulsada por una juventud rebelde, militantes en lucha por un nuevo orden, contra el anquilosamiento social y la funesta distribución de bienes y riquezas. Habrá que cortar de raíz el árbol enrevesado crecido tras las escaramuzas de mayo del 68. Por eso han de domesticar las conciencias de los postulantes a cualquier cuadrilla próxima a postulados reivindicativos. Avalar con valores tradicionales las profundos principios que hicieron posible la supremacía del imperio y el bálsamo de la religión. En lo que está de su mano, que nadie se desvíe del camino trazado desde antiguo, en provecho de los de siempre. Y que estos mismos puedan ser la avanzadilla para detener a los indecorosos que osan oponerse al discurrir del río de la historia por su curso legítimo. Y ahí lo tienen, Celes abrumado por el peso del temor pavoroso que suscita la visión espectral, los suplicios del infierno. Han traído a elocuentes parlanchines para prender fuego a la brea, llamas arrojadas sobre el espíritu de quien lleva arraigado las inquietudes del universo; y aliñan el miedo para atraer sus víctimas a una virtud pergeñada por ellos mismos. Sólo la entereza del joven, que logra intuir, por encima de los nubarrones enloquecidos, la falta de autenticidad de quienes quieren someterlo, hace posible desasirse de las cadenas y huir a espacios no contaminados por sujetos tóxicos. ----
¡La autenticidad! En ocasiones el loco se pregunta si no ha sido víctima de ella. Seguro que si no hubiera dado tanta importancia a ese postulado que sus padres inculcaron en sus entrañas, la vida le hubiera sido más benigna. ¿Ha sido presa de ella? Probablemente, pero no puede imaginarse manipulando sus principios para conseguir, desde subterfugios interesados, logros espurios. La autenticidad, piensa, da el relieve real de la propia persona. Vivir orientando la vida desde valores sólidos, es la garantía de no tirar por la borda el sentido de la vida. Aunque todos te abandonen, aunque vayas nadando contra corriente, aunque estés abrumado por el peso de un porvenir incierto..., debes continuar siendo fiel a ti mismo. Porque autenticidad es fidelidad. Incluso con quienes te fueron infieles dejándote en la estacada. Autenticidad es no devolver mal por mal, no cobrarte la revancha, tener el sentido ecuánime cuando notas que en tu entorno casi todos lo han perdido. Es seguir colgado en el árbol del amor esperando que algún día sea frondoso y no sujeto a los envites de la malquerencia. ¿Desde la autenticidad, loco, se abrirá alguna vía para salir de la gruta?

jueves, 12 de diciembre de 2013

RAPTO

En la noches de tormentas, brumas del espíritu, llegan a veces lobos con piel de cordero, sicarios con sus zarpas preparadas para echar el guante a las almas descarriadas, dicen ellos. Celes está entre los jóvenes que pueden ser víctimas de las engañifas de truhanes. Es carne fresca. Ternerillo que corretea por los pasillos del castillo como por pradera sin límite, idilio de libertad. Pero también, con los vientos contrariados, se diluye, convirtiéndose en topo desvalido agazapado en las entretelas de tierra reseca. En su interior corre la sangre aún no contaminada y, por su mente, el delirio de la búsqueda. Está abierto a dejarse sorprender por reclamos más allá del mundo raquítico conocido. Dispuesto a aceptar mensajes de vaticinadores postulantes de vida novedosa, sin ni tan siquiera sospechar que no enseñan sus verdaderas cartas, la de ser falsos profetas. Por ello no se da cuenta de que lo están atrapando con piruetas dibujadas en el aire, serpentinas de colores que cosquillean en las cuencas de sus ojos. Lo llevan retenido, haciéndole creer que es su propia voluntad la imperante en esa marcha hacia sombrías criptas. Sobre su cabeza, como aborigen transportando el cántaro de una fuente, lleva la vasija del adoctrinamiento. Es necesario cortar por lo sano, le espetan con buenas palabras. Son muchos los peligros que corre la juventud en esos tiempos. Lo decisivo para ahuyentar los peligros es someterse a la penitencia, el sacrificio, la mortificación... Y entra en la caverna sumido en un misticismo exacerbado, rayando en lo enfermizo. ¿Quién lo liberará de ese secuestro? - - - -
¿Qué tiene retenido al loco? Cuando aún estaba cuerdo, creía estar viviendo sobre la plataforma de libertad. Desde ella se lanzaba, como helicóptero que emprende el vuelo, a la conquista de los espacios aéreos. ¡Qué bello era contemplar las siluetas de los seres humanos moviéndose en alocadas carreras por los rellanos esteparios de la vida! Y él, volando y sostenido por un ambicioso plan vitalicio, hinchado de valentía por el riesgo, pleno de tenacidad para embestir contra los vientos desenfrenados que amenazaban con romper las hélices de la aeronave imaginaria, se sentía el hombre más feliz de la tierra. Pero hoy no sabe en qué gruta se encuentra oculto, ni quiénes son los guardianes que han puesto una lancha en la entrada para no dejarlo salir. Han llegado como diablos, lo han atenazado con los garfios de su inquina, arrastrado hacia la oquedad oscura de los infiernos y empujado hacia las fauces del abismo. Como en aquel otro tiempo, llegaron a su entorno con las artimañas de otro embrujo pero con el mismo fin de aniquilarlo. Le prometieron la luna, y él acepto entusiasmado, con la certidumbre confusa de que se estaba llenando su corazón. Mas qué pronto se dio cuenta que había caído en el cepo del ardid. Eran los mismos perros con distintos collares, ahora trincheras de lo perdido. Pero hoy las fuerzas le fallan y ni siquiera lucha para liberarse del secuestro. Está enredado en la madeja de un enorme ovillo.

martes, 3 de diciembre de 2013

MIRADA OBLICUA

Sobre el joven Celes, se remolinan las auroras de agitación y efervescencia adolescente. Afluyen a su cabeza ideas antagónicas y variopintas. Desde las más grandilocuentes a las que rozan la vulgaridad. Con frecuencia le acechaban sueños de grandeza. Llegar a ser un personaje significativo que deje una huella imborrable en la historia. Ensoñaciones que van desde ser un artista de renombre a un comprometido misionero en el Tercer Mundo; un extraordinario científico a un aventurero periodista; un novelista de prestigio a un ilustre médico entregado por entero a la erradicación de la enfermedad. Otras veces cambia de tercio, y se diluye en expectativas que rayan el nihilismo abandonado, como el ser un errante vagabundo marchando por los caminos, con la guitarra a cuestas, deleitando con sus cantos y la recitación dramática de un rapsoda. Sus pensamientos vagan también descontrolados por los terrenos de imperativos revolucionarios. Quiere cambiar el mundo. No le gusta lo que observa de injusticia y sinsentido. Habría que instaurar otro orden diferente para la existencia humana. ¿Quedarán todos estos reclamos disueltos el tiempo y atrapados en el castillo donde habita?
---- No sé como puede estar el loco, tanto tiempo, colgado en lo alto de la espadaña. Podría ya descender, y volver a mantener con sus congéneres, los diálogo soterrados, cargados de insustancialidad y quiebros inoportunos. Pero él no puede, o se niega a bajar al coso de las imposturas, donde se lidian faenas falsificadas y de reducido vuelo. Si pudiera saltaría de rama en rama, como “el barón rampante” de Italo Calvino, para no tener que contaminarse con las miserias en las que ha caído este mundo desorientado. Es tan ruin el suelo sobre el que se camina... Los viandantes chocan confusos los unos contra los otros; persiguen metas postizas; se agobian por problemas sin importancia y a los verdaderos no les prestan ninguna atención; compran productos compulsivamente y los dejan arrinconados en los barbechos del olvido; se duelen del desamor, pero no se comprometen en remozar sus corazones maltrechos; construyen parapetos entronizando el sagrado valor del vivir “el momento”, como si hubieran descubierto la gran sabiduría... ... ¿Mejor contemplar todo desde arriba, ver pasar la vida, sin inmiscuirse en esta deriva, sin objeto, que marcha presa de libre albedrío?

lunes, 2 de diciembre de 2013

DE FLIRTEOS Y SEDUCCIONES

Arriba, abajo, abajo, arriba, girando en circular como en una noria, en oblicuo, atravesando en diagonal la Plaza Mayor... … Celes y su amigo exploran las vías por donde toparse con jovencitas que puedan darle cierto esplendor, a la vida anodina de una semana sin sal ni pimienta. Muchas de ellas vuelan, como bandadas de golondrinas, hacia lugares recónditos. Algunas, sin embargo, se prestan al juego de sus alocados flirteos, conspirando con ellos en momentos exploratorios que se desvanecen al instante en un “adios”, “hasta luego” ó “ya nos veremos”. Tardes de domingo deambulando de flor en flor, acariciando encuentros fugaces que les dejan a ambos el amargor de haber rozado la superficie de muchas y el alma de ninguna. Después, en el prefacio de la noche, la vuelta hacia el castillo se hace apresurada. No están seguros que el portón de acceso esté abierto. Sudorosos y jadeantes, llegan cuando ya el guardián de la fortaleza ha echado las llaves y sellado la entrada. No queda otro remedio, habrá que intentar penetrar en la morada franqueando el muro lateral, e implorar que, las monjas que sirven a los residentes, los dejen acceder a la nave de comunicación con las instancias del castillo. Después, esperar que el superior de turno no haya tenido un mal día, y pueda quedar todo en una reprimenda evitando el castigo.
---- Hay un lugar, en las inmediaciones del arroyo, donde el loco ha construido una cabaña. Y allí se dirige cada día, tras pulular por los alrededores, como un corre-caminos sin rumbo, portando pertenencias que va recogiendo, desperdigadas, por las esquinas de su prolija existencia. No sabe cómo dar acomodo a todos esos bártulos oníricos que en su día estaban repletos de significado. Ha intentado clasificarlos en función del nivel de impacto que provocan en sus entrañas convulsas, pero no hay manera de que permanezcan organizados. A cada momento el rigor del golpe permuta, y una experiencia que ayer estaba diluida en la sustancia líquida del olvido, hoy sale a la superficie como iceberg flotando sobre las aguas. ¿No será que esté dando vueltas a la noria (su cabeza) intentando flirtear con la imágenes semiborradas de otro tiempo que, él cree, glorioso? (“Habrá que salir de la choza, loco, y dirigirte hacia otros lugares, donde los muros sean franqueables. Tal vez puedas encontrarte con quienes no usen artimañas de seducción engañosas. Tal vez, en otro lugar, puedas liberarte de tus fantasmas”).

viernes, 29 de noviembre de 2013

REBELIÓN

Que cuelguen de los torreones las banderas de la rebeldía. Hay que romper las barreras de la sumisión. Porque de nada le sirve al cobarde enredarse en su ovillo cerrado y evitar los conflictos que le puede acarrear sinsabores. Ponerse al frente de la expedición, esa es la consigna que desde su interior siente el joven Celes, cuando ve a sus compañeros dispuestos para la batalla. No es una lucha cruenta, se trata de plantarse ante el profesor, que atiborra de apuntes a sus alumnos y los somete a exámenes traicioneros, sin visos de racionalidad. Se va despertando la sensibilidad por la injusticia, y el impulso por comprometerse lleva al grupo a una rebelión en las aulas. Y aunque al final claudica la revuelta se han dado los primeros pasos para no tragar con todo lo que venga, ni comportarse como mansos corderos ante la adversidad.
---- ---- ---- En otro tiempo está el loco, a quien le quieren quitar hasta el derecho a la queja. Ya no es tiempo para levantarse. O tal vez sí, quien lo sabe. Tal vez alguna mañana el sol le transmita el valor para enfrentarse a la carga de materiales que lleva dentro de su zurrón. Esos materiales injustificados con los que se ha dejado cargar por la vida. Muchos maestrillos han puesto sobre sus espaldas enseres innecesarios, sufrimientos sin justificación, inquietudes que no llevan a ninguna parte, y que le han impedido vivir desde la sencillez de lo simple. Sí, quizá algún día, como surgido de un tarro de alquimista, surja la fuerza para enfrentarse a los diablos que le acorralan y se desprenda del fardo que no le deja avanzar. Cuando llegue ese día, habrá ganado la principal batalla que debería realizar en su vida.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

El Espíritu Nacional

Del exterior de la fortaleza, un par de veces por semana, llega un personaje con engreimiento marcial. Su misión es instruir a los jóvenes aprendices de la vida, para que lleguen a ser dignos y valientes adultos, defensores de los valores patrios. La imaginación desbordada de Celes lo recrea como un personaje de cuento. Podía ser un ogro de dimensiones gigantes, alto como un pino, porte de lanzador de jabalina, mostacho hitleriano, movimientos estrambóticos que se hacen amenazadores cuando se va acercando con sus zancadas de tétrico emperador. Lo han reclutado para aleccionar en los valores políticos: “Formación del Espíritu Nacional”; y Celes piensa que sus enseñanzas no son más que dardos de adoctrinamiento malévolo, lanzados sobre la diana frágil de vidas vulnerables. Y él prefiere apartarlo al desván de su imaginación, donde sus enseñanzas se diluyan, como un cuento dentro del cuento. ----
La tormenta de sus devaneos deja una carga metálica sobre las sienes del loco, electricidad sin canalizar que le produce punzadas atosigantes. Siempre le ocurre. Va acostumbrándose a estas resacas que sobrelleva como una secuela asociada a sus arrebatos de chalado. Todo tiene su precio, y él tiene que pagar el suyo por haberse encaramado a la cucaña de la enajenación. Algún día, quien sabe si será más pronto que tarde, cualquier movimiento brusco puede hacerlo descender, resbalar por la superficie sebosa del poste al que se ha subido. Pero mientras ese posible incidente puede llegar, sigue dando vueltas a la noria de los principios sobre los que se sustenta la vida. “¡La inmensa mayoría de los ciudadanos están adoctrinados! ¿O alguien cree que pensamos libremente? No sé si estamos educados en “El Espíritu Nacional”, pero es difícil encontrar a alguien que funcione con impulsos originados en registros originales, los ideales se han echado a las cloacas del olvido”. Y el loco termina por ahuyentar las punzadas de su cabeza. (“Ay, loco, ¿no será que, en el fondo, te sientes protegido observando pasar el mundo desde lo alto de tu atalaya?”)