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jueves, 21 de enero de 2021

Ideología

 


Qué importante es ir afianzando, desde la infancia hasta la madurez, una escala de valores (principios éticos, virtudes, cualidades). Esta escala constituirá la columna vertebral para no andar por la vida dando tumbos. Desde esta integración uno puede situarse y tomar partido ante todo lo que le rodea con base sólida y enjuiciar los acontecimientos desde una perspectiva personal. No desde posturas que te llegan desde fuerzas clandestinas, interesadas en tu manipulación.

Y desde esta escala, cada persona se ubica en un marco de ideología.

La ideología es fundamental para el hombre. Es el cuerpo de ideas estructuradas de un modo coherente, en base a una escala de valores. Sin ideas la persona es una marioneta esclava de quien quiera manipularla. Ahora bien, una cosa es tener una referencia ideológica y otra, el seguimiento acrítico de ideologías. Es peligroso seguir a ideologías externas, porque con frecuencia, éstas pueden estar desvirtuadas, se alejan de los principios por los que se generaron y pierden el valor fundacional que le daban su fortaleza moral. Es entonces cuando se hace perentorio volver a las ideas del origen, y así poder renovarlas de continuo.

Las ideas hacen posible que uno se sitúe críticamente y percibir de este modo qué es coherente, que tiene sentido y que carece del mismo.

Así, volviendo a las fuentes de las ideologías, que generalmente surgen tras experiencias significativas y la reflexión sobre las mismas, uno puede identificarse o no con ellas. 

martes, 19 de enero de 2021

La importancia de sentirse limitado

 

Crecí en un ambiente de positividad hacia los otros, hacia el prójimo. Las enseñanzas de mis padres me impulsaban a hacer el bien a los demás, y por supuesto, ningún daño. Eran los valores de una educación tradicional con raigambre católica, como no podía ser de otra manera en aquella época, con sus limitaciones, pero también con referencias claras a no vulnerar los derechos de las personas.
Pero en el ámbito en el que viví mis primeros años, no llegué a tener conciencia de la existencia de los homosexuales, ni me topé con ningún negro, ni chino, ni búlgaro, ni de cualquiera otra raza que no fuera la mía. Como mucho, en alguna ocasión, me sorprendieron algunos fíngaros, que iban trashumantes de un lado para otro, y se asentaban a las afueras del pueblo, con alguna cabra entrenada para hacer acrobacias, para después de actuaciones improvisadas en la plaza del pueblo, pasar la boina y sacar algún diezmo para tener algo que llevarse a la boca. Sí que me resultaban raros, como proviniendo de otro planeta, y las aseveraciones que recibía de los familiares de que no me mezclará con ellos, que era gente de malvivir, me llevaban a pensar que estos no eran prójimos, a los que había que acoger según el catecismo católico.
Tampoco me sorprendió que mi madre estuviera entregada a la crianza de los hijos y tareas del hogar, mientras mi padre trabajaba en el campo. Con la estricta separación de roles en virtud del sexo.



Más tarde, descubrí que el mundo era plural, que las personas no respondían al estricto arquetipo con el que me había familiarizado en mi infancia. Existían otras razas, otra maneras de vivir la sexualidad, otros modos de asumir roles entre hombres y mujeres...; descubrimiento que chocaba con la concepción de la realidad mamada desde la cuna.
Pero esos descubrimientos no me llevaron, sin más, a comportamientos integradores a la hora de asumir las diferencias. Encontrarme con un negro, por ejemplo, me producía un cierto temor (miedo al extraño), un homosexual me producía una repulsa visceral no querida, saber que una mujer renunciaba a ser madre por competir en un puesto de responsabilidad profesional, en competencia con un hombre, me producía perplejidad, etc. Respetar los derechos de todos era un emblema que llevaba dentro, pero no estaba preparado para aplicarlo a cada persona o grupo identitario en función de sus diferencias (era normal lo que que directamente había observado en mi infancia). Incluso en algunas ocasiones de mi vida adulta, me he sorprendido, con actitudes (inconscientes) que no son coherentes con el respeto a los derechos de la mujer, o del diferente, o del excluido por raza o condiciones vitales. 

Lo que llevas arraigado tiene un poderoso impacto. Y desde ahí, me reconozco imperfecto. Y es posible que haya que hacer un esfuerzo suplementario para responder al reto de respetar los derechos de los diferentes. No basta con decir: no soy racista, no soy machista, no soy homófobo...; es posible que, para liberarme de las esquirlas que llevo dentro, tenga que adoptar una postura más combativa: ser antirracista, antimachista, antihomófobo, ... Es decir, tomar una postura combativa en respuesta a cada grupo diferenciado de personas.

Por eso me sorprendo con mensajes, que parecen bondadosos pero malintencionados en el fondo, que circulan por las redes como el siguiente:
"A un niño: No se enseña a respetar a un gay. Se enseña a respetar a cualquiera. No se enseña a no pegar a un negro. Se enseña a no pegar a nadie. No se enseña a respetar a la mujer. Se enseña a respetar a todos.  El problema es de quien quiere diferenciar entre «respetos». No se le enseña a colectivizar sino a no colectivizar. Hablar todo el día de las mujeres, los negros o los homosexuales es acostumbrar a diferenciarlos como colectivos. Es sembrar prejuicios en el fondo."

Cuidado con esos mensajes que parecen tan razonables que nos inducen a afirmarlos por su obviedad. Por lo general encierran trampas, y suelen estar generados por quienes pretenden obstaculizar el avance hacia una sociedad donde se respeten los derechos de quienes les están siendo vulnerados. 
Ya el dicho de "lo que sirve para todo, en realidad no sirve para nada" debería ponernos en alerta ante estos mensajes.

La trampa reside en atribuir, en el contexto social e histórico en el que vivimos, el mismo punto de partida para todos. Pero es que este no es el caso. Vivimos en un contexto donde el trato otorgado a las personas en función de sus diferencias por razones de raza, de sexo, de poder adquisitivo, de condiciones de marginalidad, etc. es tan injusto que necesariamente se ha de enseñar a un trato específico en función de sus características para que llegue a ser justo.  

La suma de los respetos a cada colectivo, a cada persona diferenciada..., es la que logrará el respeto a todos, y no el plantear la quimera de respetar a todos, va a traer la consecuencia de que se respete al diferente. Cuando un niño ve que en el contexto en el que vive, el desprecio a la mujer es normal, si no se le enseña a analizar que la mujer lleva desde siglos sometida al hombre, va a creer que respeto a la mujer no tiene que ver con esas conductas de menosprecio que ha visto como normales.

jueves, 23 de marzo de 2017

Orgullo herido

Seguramente ocurrió algún imprevisto y el profesor de turno tuvo que ahuyentarse. Solía ocurrir con frecuencia en nuestro internado. Cuando un superior encargado de la vigilancia de la biblioteca, del salón de estudio o de una clase, tenía que interrumpir su tarea por motivos mayores, traspasaba su autoridad de mando a alguno de los alumnos que contaban con especial prestigio. En las clases esta tarea recaía casi siempre en el alumno más aventajado. Es decir, el más empollón. Para la mayoría de los profesores el éxito escolar se identifica con actitudes manifiestas de responsabilidad. Aunque en honor a la verdad no siempre esas actitudes son tan manifiestas y se le atribuyen al sujeto como consecuencia del éxito. De las aptitudes a las actitudes se pasa de modo más o menos gratuito y con demasiada facilidad. Vivimos en una sociedad en la que el éxito es atribuido muy ingenuamente a la honradez o el trabajo.
El caso es, que este día, la probable partida del profesor dejaría en manos de un compañero la responsabilidad disciplinaria durante el tiempo que durara su ausencia. Y el compañero tenía que apuntar en un folio las conductas no adecuadas que se realizaran en clase, con los nombres de los protagonistas de la misma. Así fue como yo caí en la red de los sujetos apuntados en la lista negra, por sabe Dios que conducta inoportuna. Como consecuencia ese día me dio un repaso el profesor de Química. Un repaso a mis conocimientos sobre la disciplina, se entiende. Según mi diario las cuestiones sobre las que me examinó no comportaron especial dificultad para mí. Tuve la suerte de que hurgó precisamente en los conocimientos que había preparado, dejando de lado otros en los que tenía una ignorancia supina.

Al escribir el diario de ese día, me sentía atribulado, no tanto por el episodio en Química, del que como he comentado salí más o menos airoso, sino por la amargura moral que había sufrido al figurar en aquella lista negra. No estaba yo acostumbrado a figurar en este tipo de listas y este hecho hería en lo más profundo mi orgullo. 

viernes, 24 de febrero de 2017

El suelo sobre el que te asientas














En los años adolescentes, la soledad se une a vivencias nostálgicas que colindan la depresión. Es una experiencia que se va alternando con otros episodios opuestos, en los que también fluye la euforia desatada y los sentimientos de felicidad extrema. Pero la soledad no es solo seña de identidad de los vaivenes en el humor de una psicología fluctuante en la pubertad. La soledad también es la expresión de vivir desubicado, de haber perdido referencias esenciales de orientación.

Ese mundo de tu infancia, sustentado en la profunda protección que supone el ámbito familiar, se va diluyendo. El impulso y la vitalidad proyectan la vida hacia unos horizontes vibrantes de ensueños y esperanzas. Pero a la vez, pocas veces se logra encontrar el apoyo, sobre el que tomar ese impulso que te lance a la conquista del nuevo mundo. No haces pie. Bajo el desarrollo físico y mental que experimentas, encuentras el vacío y la pasmosa sensación de vértigo. Y es que has perdido las referencias que protegían tu existencia.

En el futuro, la búsqueda de una seguridad que te permita afrontar la vida sin experimentar el vacío, va a ser una de tus obsesiones. O mejor dicho, te vas a asir a las seguridades como el modo sublime de asegurar tu defensa. Una de las seguridades esenciales va a venir conformada por la capacidad de establecer contacto con tus congéneres. Y vas a percibir que si encuentras lazos que te unen a otros en profundidad, no estás sólo. Cuando estos lazos cristalizan en la seguridad emocional que te brinda una pareja, crees haber tocado el cielo con las yemas de los dedos. Todo el horizonte se abre como posibilidades infinitas. Destierras las nubes grises que se han cernido sobre ti en tantos momentos. Mas, no te das cuenta de que en el fondo la trayectoria de tu vida se va a componer de acontecimientos deshilvanados, unidos sólo por ti como sujeto. Un sujeto que es una soledad.

Esa lección sólo se aprende cuando has perdido a tus familiares más allegados; cuando se ha deteriorado esa amistad que considerábamos eterna; cuando se van rompiendo esos lazos que te ligan a alguien especial y que presumíamos imperecederos; cuando tus hijos se han echado a volar...

Te costará aprender que la seguridad eres tú. Y que en el fondo, el ser humano, por mucho que se rodee de otras personas en las que también deposita su seguridad, por mucho que establezca urdimbres relacionales con multitudes de contactos, vive sumergido en la soledad inherente a su existencia. Esta es su miseria. Esa es su grandeza. Cuando se asume esa realidad incuestionable, los lazos que se establecen con las otras soledades, las otras personas, pueden hacerse duraderos y reconfortantes. Se sustentan en la verdad.

jueves, 13 de noviembre de 2014

La balaustrada

A la parte superior del castillo se accede por dos escaleras. La principal es magestuosa, de amplia anchura, adornada con floripondios que se distribuyen a lo largo de su balaustrada. En aquellos momentos la energía se desborda a raudales por todos los poros de su piel. El eje vertebrador que hace posible este derroche es la pasión por la vida. Una vida que cada día que pasa abre nuevas compuertas y el agua almacenada en su interior sale como un torrente, arrastrando por delante cualquier valla de negación que se interponga en su camino. Celemín trepa por las barandas de las escaleras del castillo, en sentido contrario a las leyes lógicas de la físicas, de abajo arriba, en una ascensión contracorriente. Contracorriente son también sus posiciones en las diferentes actitudes que tiene en la vida. Lo viejo, las posiciones conservadoras recibidas por imperativos ancestrales, de nada le sirven. Todo requiere un impulso creativo, el mundo está demasiado anquilosado y sometido a fuerzas estáticas que tratan de impedir a cada persona ser verdadero sujeto de su propia historia. ----------------- Pero ahora ya es otoño y el loco empieza a estar cansado de otear el horizonte, subido en la atalaya, abrumado por las esquirlas que le salpican en su posición de vigía. Ver pasar la vida le han convertido en alguien capaz de comprender los resortes que se esconden tras las conductas y actitudes de la gente que le rodea, pero siente que esa sagacidad no sirve para nada ni para nadie. Sólo para almacenar en el costal de su experiencia lastres infructíferos. Manojos de espigas enmohecidas que no sirven tan siquiera para utilezar sus frutos en nueva sementera. Se pudrirán irrevesiblemente en el rincón de lo anodino. Y es tan pesado el fardo..., toda una carga de producto inútil, un trasiego baldío arrastrado por los caminos pedregosos por los que el loco transita... Algo muy fuerte en su interior le impulsa a dar un salto hacia el vacío...,
¿Hacia arriba o hacia abajo? No sabe muy bien, ha desaparecido la balaustrada.

viernes, 29 de noviembre de 2013

REBELIÓN

Que cuelguen de los torreones las banderas de la rebeldía. Hay que romper las barreras de la sumisión. Porque de nada le sirve al cobarde enredarse en su ovillo cerrado y evitar los conflictos que le puede acarrear sinsabores. Ponerse al frente de la expedición, esa es la consigna que desde su interior siente el joven Celes, cuando ve a sus compañeros dispuestos para la batalla. No es una lucha cruenta, se trata de plantarse ante el profesor, que atiborra de apuntes a sus alumnos y los somete a exámenes traicioneros, sin visos de racionalidad. Se va despertando la sensibilidad por la injusticia, y el impulso por comprometerse lleva al grupo a una rebelión en las aulas. Y aunque al final claudica la revuelta se han dado los primeros pasos para no tragar con todo lo que venga, ni comportarse como mansos corderos ante la adversidad.
---- ---- ---- En otro tiempo está el loco, a quien le quieren quitar hasta el derecho a la queja. Ya no es tiempo para levantarse. O tal vez sí, quien lo sabe. Tal vez alguna mañana el sol le transmita el valor para enfrentarse a la carga de materiales que lleva dentro de su zurrón. Esos materiales injustificados con los que se ha dejado cargar por la vida. Muchos maestrillos han puesto sobre sus espaldas enseres innecesarios, sufrimientos sin justificación, inquietudes que no llevan a ninguna parte, y que le han impedido vivir desde la sencillez de lo simple. Sí, quizá algún día, como surgido de un tarro de alquimista, surja la fuerza para enfrentarse a los diablos que le acorralan y se desprenda del fardo que no le deja avanzar. Cuando llegue ese día, habrá ganado la principal batalla que debería realizar en su vida.

lunes, 18 de noviembre de 2013

FASCINACIÓN

La chica de ojos azabache volando sobre sus sueños. Celes envuelto en una nube de algodón bailando con ella sobre las baldosas de un local improvisado. Los músicos orquestando su arcaico repertorio sobre un remolque, haciendo equilibrios de malabaristas entre bafles de sonidos estridentes, iluminación entrecortada y macilenta, y precauciones para evitar el salto de los fusibles. Le llega la frescura de una fuente que serpentea, el olor a rosas cuyos pétalos descienden por una cascada de agua con reflejos de cristal. Estrecha con delicado deleite el cuerpo ágil de la muchacha convertida en musa. Y siente la plenitud de la vida. El mundo se ensancha, fuera del castillo, convirtiéndose en una inmensa pradera donde bailar interminables valses, ciñendo la cintura del amor de sus fascinación.
- - - - La verdad está en aquello que abandonamos: los juegos de niños, los campamentos de infancia, las amistades de la adolescencia, el primer amor… La adultez es una estúpida patraña. Un señuelo que nos confunde y nos hace morder el polvo. Se han agostado los musgos de invierno. Los niños que correteaban por el lejío eran mis hermanos, trotando por el borde del hambre y la miseria, pero llevados en el zurrón confeccionado con los lastres de desechos compartidos. Sangre de la misma sangre, padre y madre en nuestro norte de brumas y amor sometido a las ráfagas de los vientos contrariados… El loco desea recoger todos los fundamentos en el pliego de descargas por los errores cometidos, y se da cuenta que la mayoría se le escapan.

viernes, 15 de noviembre de 2013

EL MITRADO EN SU LABERINTO

Llegó el obispo al castillo para realizar la reunión, visiblemente incómodo con la mitra que el ayudante le había puesto sobre la cabeza. Dejó a un lado la parafernalia debida a su alta alcurnia despojándose de los ornamentos sublimes y quedando a merced de una humilde sotana y el alzacuellos almidonado. Y reunió al equipo. Se dispuso a hacerles partícipes de la nueva disposición: había que cambiar el régimen educativo aplicado sobre los huéspedes de la fortaleza: los jóvenes que se instruían para enfrentarse a los designios de un futuro inseguro. Algunos de los insignes próceres encargados de guiar al grupo se aventuraron a realizar objeciones a dicho proyecto. - ¿Cómo encontrarán ellos a Dios si no los obligamos a encerrarse en las capillas, o si dejamos de meter en vereda y llevar a las mazmorras a los que se desvían de la correcta senda? Pero la firmeza del mitrado no dejaba lugar a la duda, el horizonte que debían contemplar, desde las almenas del castillo, los moradores de aquel baluarte, era el de la libertad. - ¿Supone, reverendo padre, que Dios se encuentra encerrado en las mazmorras o en los espacios cerrados donde no entra ni la luz ni el aire fresco?... Créame si le digo que, o Dios está en los espacios libres o no está en ninguna parte. Los nostálgicos del antiguo régimen no tardaron en ser relevados de las funciones. Muy pronto llegó el remplazo con nuevos acólitos identificados con la nueva misión. Así el ágora del saber y la orientación a una vida dignificada recibió el impulso de la esperanza. Y los jóvenes del castillo miraron de frente la aurora de la libertad.
___________________________________________________________________________________ ___________________________________________________________________________________ Las fuerzas reales están en la mano de los que quieren que nada cambie - piensa el loco - Por eso las aventuras por construir un mundo más humano acaban en fracaso. Y el loco recibe una sacudida de profunda tristeza. En su rostro se ve reflejada la amargura que le ha sobrevenido tras haber creído en una vida diferente. - Los contrarios a la libertad inician guerras clandestinas difamando a los gestores comprometidos con el cambio, ponen trabas y buscan adeptos para la causa de la sumisión. Someter a la grey para que nadie se desvíe del cauce establecido. Y no paran hasta que logran que los que lideran movimientos contrarios a sus intereses, caigan en desgracia y sean desplazados a lugares donde ya no tengan influencia sobre los dispuestos a seguir la estela de sus utopías. (“¡No sabes lo que dices, loco!. La vida es una pradera donde cada uno campa a sus anchas. Un espacio para gozar del libre albedrío y no se necesitan ni líderes ni profetas que iluminen sendas diferentes por las que avanzar”) Y, como tantas veces, el loco calla. En su rostro se dibuja una mueca de nostalgia y el sentimiento áspero de no haber comprendido bien el sentido de esta vida que corre veloz en los lomos de un corcel desbocado.