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viernes, 24 de febrero de 2017

El suelo sobre el que te asientas














En los años adolescentes, la soledad se une a vivencias nostálgicas que colindan la depresión. Es una experiencia que se va alternando con otros episodios opuestos, en los que también fluye la euforia desatada y los sentimientos de felicidad extrema. Pero la soledad no es solo seña de identidad de los vaivenes en el humor de una psicología fluctuante en la pubertad. La soledad también es la expresión de vivir desubicado, de haber perdido referencias esenciales de orientación.

Ese mundo de tu infancia, sustentado en la profunda protección que supone el ámbito familiar, se va diluyendo. El impulso y la vitalidad proyectan la vida hacia unos horizontes vibrantes de ensueños y esperanzas. Pero a la vez, pocas veces se logra encontrar el apoyo, sobre el que tomar ese impulso que te lance a la conquista del nuevo mundo. No haces pie. Bajo el desarrollo físico y mental que experimentas, encuentras el vacío y la pasmosa sensación de vértigo. Y es que has perdido las referencias que protegían tu existencia.

En el futuro, la búsqueda de una seguridad que te permita afrontar la vida sin experimentar el vacío, va a ser una de tus obsesiones. O mejor dicho, te vas a asir a las seguridades como el modo sublime de asegurar tu defensa. Una de las seguridades esenciales va a venir conformada por la capacidad de establecer contacto con tus congéneres. Y vas a percibir que si encuentras lazos que te unen a otros en profundidad, no estás sólo. Cuando estos lazos cristalizan en la seguridad emocional que te brinda una pareja, crees haber tocado el cielo con las yemas de los dedos. Todo el horizonte se abre como posibilidades infinitas. Destierras las nubes grises que se han cernido sobre ti en tantos momentos. Mas, no te das cuenta de que en el fondo la trayectoria de tu vida se va a componer de acontecimientos deshilvanados, unidos sólo por ti como sujeto. Un sujeto que es una soledad.

Esa lección sólo se aprende cuando has perdido a tus familiares más allegados; cuando se ha deteriorado esa amistad que considerábamos eterna; cuando se van rompiendo esos lazos que te ligan a alguien especial y que presumíamos imperecederos; cuando tus hijos se han echado a volar...

Te costará aprender que la seguridad eres tú. Y que en el fondo, el ser humano, por mucho que se rodee de otras personas en las que también deposita su seguridad, por mucho que establezca urdimbres relacionales con multitudes de contactos, vive sumergido en la soledad inherente a su existencia. Esta es su miseria. Esa es su grandeza. Cuando se asume esa realidad incuestionable, los lazos que se establecen con las otras soledades, las otras personas, pueden hacerse duraderos y reconfortantes. Se sustentan en la verdad.

viernes, 28 de noviembre de 2014

EL 7º DE CABALLERÍA

El tiempo deslizándose en una ráfaga de metralla. Sin pausa, porque, cual tarde de domingo, se va consumiendo una nostalgia helada. Ya no hay batallas que librar, no ha vuelto el general Custer para dirigir la contienda contra Cheyennes y Sioux. Sólo queda dejarse conducir hacia adelante, con el pálpito afanoso para, al menos, arañar nuevos sueños, que hagan olvidar a los ya desvanecidos. Aunque éstos queden velados en los perfiles de lontananza. Las acuarelas de serpentinas se reflejan en las aguas inquietas del Pisuerga, que van atolondradas en busca de un destino. Y el loco, contemplando el ir y devenir de su caudal, intenta rozar con sus dedos las dos vertientes del río: la que se dirige hacia la meta confusa del desagüe y la que viene de la eclosión torrencial de su nacimiento. Mucho abarcar para tan poco vuelo. -----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
El tiempo proyectado hacia un infinito irreal. Eclosión de júbilo. Él alberga un pálpito, cree atenazar la historia entre sus manos. Embriagado por la fuerza que nace de una vida aún sin rasgaduras, Celemín se siente como el general Custer. Siente el fascinante impulso que le ha dejado la película de la tarde de domingo. Un tumulto originado por trescientas gargantas que gritan y aplauden enloquecidas cuando llega el 7º de caballería para librar al escuadrón que ha caído en manos de los indios. La vida por delante es una conquista de metas y espacios. Una amplia pradera por donde correr aspirando a bocanadas el oxígeno de la plenitud. Las cúpulas del castillo donde habita se hierguen como cipreses que acarician el cielo.

martes, 25 de noviembre de 2014

La felicidad

El loco se sorprende. Alguien le ha preguntado si es feliz. Por un momento en su cabeza siente el impulso a responder con otra pregunta. “¿Y qué es la felicidad?” (“¿Y qué es la verdad?”, responde Pilato a Jesús de Nazaret, poco antes de condenarlo). Y de algún modo siente que la respuesta a esa pregunta encierra también una especie de condena o una trampa. Lo políticamente correcto es decir que sí. Eres feliz. Decir que no, supone que los que te rodean te vean como alguien apestado. Vivimos tiempos en los que hay que vivir felices por prescripción facultativa. Los voceros que cuelgan slogans en las redes sociales (pasquines coloristas incitando al buen vivir, frases piadosas colgadas en el enlosado del ciberespacio, sentencias redondas atribuidas a maestros de filosofía oriental), o envían whapsap a diestro y siniestro a sus conocidos y allegados..., lo recomiendan encarecidamente en virtud de la imprescindible autoestima, de la entronización del individualismo, del necesario conformismo con el que debiera vivir cada uno, o de la huída hacia adelante escapando de pasados funestos... ¿Pero qué hay de verdad en ese flujo que se expande como un reguero artificial por los vericuetos de nuestro camino?, se pregunta el loco. Y se siente tentado a decir que no, aunque sólo sea por ir contra corriente o por situar la conquista de la felicidad en el horizonte de un proceso. ___________________________________________________________________________________________________________________________________________ Para Celemín, la pregunta sobre la felicidad es un modo de entrar en contacto: “¿Eres feliz”?, le lanza a una chica morena cuando se cruza con ella en dirección a los baños del Sgt Pipper's, en una de esas noches de frenesí discotequero. Un modo de contacto. Nada más. Porque él se da cuenta que la felicidad sólo puede ser un cuadro, un precioso cuadro pintado a acuarela, deslumbrante de colorido y armonía. Un cuadro que se va pintando poco a poco, con continuas correcciones y que nunca llega a estar terminado. Y hay que tener cuidado con el engaño. Porque en ocasiones, lo que aparece como felicidad, sólo son brochazos. Brochazos que con frecuencia son dados al buen tuntún, sin sentido de la estética ni encaje en el conjunto de la pintura. Borrones que oscurecen más que la revitalizan .

jueves, 13 de noviembre de 2014

La balaustrada

A la parte superior del castillo se accede por dos escaleras. La principal es magestuosa, de amplia anchura, adornada con floripondios que se distribuyen a lo largo de su balaustrada. En aquellos momentos la energía se desborda a raudales por todos los poros de su piel. El eje vertebrador que hace posible este derroche es la pasión por la vida. Una vida que cada día que pasa abre nuevas compuertas y el agua almacenada en su interior sale como un torrente, arrastrando por delante cualquier valla de negación que se interponga en su camino. Celemín trepa por las barandas de las escaleras del castillo, en sentido contrario a las leyes lógicas de la físicas, de abajo arriba, en una ascensión contracorriente. Contracorriente son también sus posiciones en las diferentes actitudes que tiene en la vida. Lo viejo, las posiciones conservadoras recibidas por imperativos ancestrales, de nada le sirven. Todo requiere un impulso creativo, el mundo está demasiado anquilosado y sometido a fuerzas estáticas que tratan de impedir a cada persona ser verdadero sujeto de su propia historia. ----------------- Pero ahora ya es otoño y el loco empieza a estar cansado de otear el horizonte, subido en la atalaya, abrumado por las esquirlas que le salpican en su posición de vigía. Ver pasar la vida le han convertido en alguien capaz de comprender los resortes que se esconden tras las conductas y actitudes de la gente que le rodea, pero siente que esa sagacidad no sirve para nada ni para nadie. Sólo para almacenar en el costal de su experiencia lastres infructíferos. Manojos de espigas enmohecidas que no sirven tan siquiera para utilezar sus frutos en nueva sementera. Se pudrirán irrevesiblemente en el rincón de lo anodino. Y es tan pesado el fardo..., toda una carga de producto inútil, un trasiego baldío arrastrado por los caminos pedregosos por los que el loco transita... Algo muy fuerte en su interior le impulsa a dar un salto hacia el vacío...,
¿Hacia arriba o hacia abajo? No sabe muy bien, ha desaparecido la balaustrada.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

El Espíritu Nacional

Del exterior de la fortaleza, un par de veces por semana, llega un personaje con engreimiento marcial. Su misión es instruir a los jóvenes aprendices de la vida, para que lleguen a ser dignos y valientes adultos, defensores de los valores patrios. La imaginación desbordada de Celes lo recrea como un personaje de cuento. Podía ser un ogro de dimensiones gigantes, alto como un pino, porte de lanzador de jabalina, mostacho hitleriano, movimientos estrambóticos que se hacen amenazadores cuando se va acercando con sus zancadas de tétrico emperador. Lo han reclutado para aleccionar en los valores políticos: “Formación del Espíritu Nacional”; y Celes piensa que sus enseñanzas no son más que dardos de adoctrinamiento malévolo, lanzados sobre la diana frágil de vidas vulnerables. Y él prefiere apartarlo al desván de su imaginación, donde sus enseñanzas se diluyan, como un cuento dentro del cuento. ----
La tormenta de sus devaneos deja una carga metálica sobre las sienes del loco, electricidad sin canalizar que le produce punzadas atosigantes. Siempre le ocurre. Va acostumbrándose a estas resacas que sobrelleva como una secuela asociada a sus arrebatos de chalado. Todo tiene su precio, y él tiene que pagar el suyo por haberse encaramado a la cucaña de la enajenación. Algún día, quien sabe si será más pronto que tarde, cualquier movimiento brusco puede hacerlo descender, resbalar por la superficie sebosa del poste al que se ha subido. Pero mientras ese posible incidente puede llegar, sigue dando vueltas a la noria de los principios sobre los que se sustenta la vida. “¡La inmensa mayoría de los ciudadanos están adoctrinados! ¿O alguien cree que pensamos libremente? No sé si estamos educados en “El Espíritu Nacional”, pero es difícil encontrar a alguien que funcione con impulsos originados en registros originales, los ideales se han echado a las cloacas del olvido”. Y el loco termina por ahuyentar las punzadas de su cabeza. (“Ay, loco, ¿no será que, en el fondo, te sientes protegido observando pasar el mundo desde lo alto de tu atalaya?”)

jueves, 14 de noviembre de 2013

CASTILLO DE NAIPES

Ya había dejado de ser Celemín. Todos lo reconocían como Cele, el jovencito que destacaba dentro del castillo en áreas a las que se le atribuía especial distinción. Entre ellas la de competiciones y torneos de tinte atlético. No es que sobresaliera entre las grandes figuras, pero había tenido alguna actuación relevante en ciertas competiciones en las que había participado. Esta fue la razón por la que, en momentos extraordinarios, salía del castillo para batirse en duelos con competentes deportistas. Pero Cele se encontraba extraño en las disputas con atletas destacados. "Extraño y fuera de lugar", entre tantas figuras. Tenía la impresión de que, a lo largo de su aún corta existencia, se iban repitiendo no pocas circunstancias y acontecimientos en los que se sentía presa de esa misma sensación: participar por accidente en algo en lo que inicialmente no parecía estar destinado para él. Este supuesto intrusismo le configuraban como una persona sumida en una vivencia contrapuesta: por un lado sentirse en una atmósfera de grandiosidad, tocando lo sublime, participando de lo reservado a los dioses del Olimpo...; y por otra, cercano a la vulgaridad, la mediocridad, rondando el fango de los "desheredados". ¿O tal vez esta perspectiva de sentimiento dual, era la común a todos los mortales? ¿Pasar por la vida a caballo entre la grandeza y la miseria? ¿Es esto lo que identifica a la especie como genuinamente humana?
_______________________________________________________________________________________________ Lo tiene claro el loco, en su visión desmesurada de la vida: “no hay grandeza para los que volvieron del exilio” (“¿de qué exilio, loco?”) Y el loco se siente sorprendido por la duda. El exilio de aquellos que abandonaron su lugar, su pequeño huerto, sus amigos de infancia, a la chica de pecas que fue su primer amor... Enloquecieron en la búsqueda por aspirar a metas demasiado sublimes. (¿Qué dices, loco? La esencia de la vida está en perseguir la gloria, el crédito, la riqueza, el poder, la mujer ideal..., no darse nunca por vencido...) Al final, la historia pone a cada uno en su sitio. Los hijos de los reyes reciben la herencia gratuita por haber nacido en noble cuna. La prole de los terratenientes no necesitan del esfuerzo para gozar de la hacienda que usurparon a las víctimas sus propios ancestros. Los propietarios de las grandes empresas, con frecuencia, son los descendientes de los que ya fueron propietarios en tiempos pretéritos... Y los que tuvieron que esforzarse por conquistar un porvenir exitoso, vuelven al punto de partida, cuando ya no hay vuelta atrás. Sus luchas un esfuerzo inútil, porque aunque en ocasiones creas que estás en lo más alto, cualquier remolino de los vientos te derriba para acabar mordiendo el polvo de la tierra. (“Entonces, loco, ¿qué metas hay que trazarse en vida?”) El loco calla. Tal vez esté pensando que ninguna.

viernes, 9 de marzo de 2012

Medias verdades y elocuentes mentiras

La mayoría de los padres, y también los abuelos, consideran a sus vástagos los más bonitos del mundo o los más salados… Pero son millones y millones de padres, millones y millones de abuelos, que tienen idénticas apreciaciones sobre sus propios descendientes. Nos da esto idea de la poca objetividad con la que nos enfrentamos a la realidad y a la propia naturaleza humana; y de cómo los sentimientos son capaces de enturbiar la visión realista de la vida. ¿Qué es verdad y qué es mentira?, nos preguntamos sin hallar respuestas convincentes.
Al reparar en los heterogéneos discursos que nos lanzan políticos, analistas, pensadores, filósofos y voceros de toda índole, nos damos cuenta de que el peso de “la verdad” que anuncia cada uno, es tan poderosa como la “verdad” antagónica de su contrario. Es decir, pensamientos opuestos, en extremos que parecen irreconciliables, son verdades fidedignas vistas desde la esquina de sus respectivos argumentos. Hoy se viene manteniendo (incluso por un mismo agente) una posición y su contraria sin ningún recato. Desde ésta, y, perspectivas similares, sería fácil afirmar que todo en el fondo es mentira. Sólo el cristal con el que miramos nos ofrece imágenes, que creemos realistas, pero que pueden variar cuando nos cambiamos de gafas. Por ello creemos sentirnos más seguros cuando nos encerramos en círculos relacionales de los que usamos las mismas “gafas”. Fuera del círculo, todos son extraños, visionan la vida desde parámetros diferentes y nos encontramos amenazados por su forma de mirar. El riesgo de convertirnos en seguidores sumisos a ideologías, grupos políticos, adhesiones religiosas u otros tipos de grupo, es evidente. Sólo si somos capaces de contemplar la vida y cuanto acontece, con mente abierta, sin prejuicios, y con la capacidad de intercalar con frecuencia las “gafas” con las que visionamos la realidad, nos puede permitir acercarnos un poco a la objetividad que ansiamos. Porque la verdad no es de nadie. Está compartida.

lunes, 23 de enero de 2012

Contra el espejo

Me he mirado al espejo y no me he reconocido. El paso del tiempo ha dejado huellas rudas en mi rostro. Jajjajaja, "¿quién pensabas que eras?" Una voz de mi interior se mofa de mí, pretende hundirme la autoestima. Pero no lo va a conseguir, porque yo me veo fenomenal así, tal como soy. Irrepetible, una marca única, un ser excepcional, sobre todo a la vista de lo que abunda por ahí. Faltaría más..., ¿pero quien se creen que son los otros...? ¡A la puta mierda el espejo! Y de un golpe lo dejé hecho trizas. No consiento que nadie mine mi autoestima.




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