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jueves, 23 de marzo de 2017

Orgullo herido

Seguramente ocurrió algún imprevisto y el profesor de turno tuvo que ahuyentarse. Solía ocurrir con frecuencia en nuestro internado. Cuando un superior encargado de la vigilancia de la biblioteca, del salón de estudio o de una clase, tenía que interrumpir su tarea por motivos mayores, traspasaba su autoridad de mando a alguno de los alumnos que contaban con especial prestigio. En las clases esta tarea recaía casi siempre en el alumno más aventajado. Es decir, el más empollón. Para la mayoría de los profesores el éxito escolar se identifica con actitudes manifiestas de responsabilidad. Aunque en honor a la verdad no siempre esas actitudes son tan manifiestas y se le atribuyen al sujeto como consecuencia del éxito. De las aptitudes a las actitudes se pasa de modo más o menos gratuito y con demasiada facilidad. Vivimos en una sociedad en la que el éxito es atribuido muy ingenuamente a la honradez o el trabajo.
El caso es, que este día, la probable partida del profesor dejaría en manos de un compañero la responsabilidad disciplinaria durante el tiempo que durara su ausencia. Y el compañero tenía que apuntar en un folio las conductas no adecuadas que se realizaran en clase, con los nombres de los protagonistas de la misma. Así fue como yo caí en la red de los sujetos apuntados en la lista negra, por sabe Dios que conducta inoportuna. Como consecuencia ese día me dio un repaso el profesor de Química. Un repaso a mis conocimientos sobre la disciplina, se entiende. Según mi diario las cuestiones sobre las que me examinó no comportaron especial dificultad para mí. Tuve la suerte de que hurgó precisamente en los conocimientos que había preparado, dejando de lado otros en los que tenía una ignorancia supina.

Al escribir el diario de ese día, me sentía atribulado, no tanto por el episodio en Química, del que como he comentado salí más o menos airoso, sino por la amargura moral que había sufrido al figurar en aquella lista negra. No estaba yo acostumbrado a figurar en este tipo de listas y este hecho hería en lo más profundo mi orgullo. 

lunes, 27 de febrero de 2017

Lejos de las raíces


Fue un tiempo en el que vivir alejado de mis raíces me proporcionaba un sentimiento de estabilidad. Por ello, las vacaciones, puentes u otros eventos que suponían volver al pueblo, no eran motivo de gozo. Mientras mis compañeros deseaban con satisfacción la llegada de esas fechas que suponían pasar unos días en sus casas, yo recibía tales injerencias en el vivir cotidiano con dosis apreciables de fastidio. Sentimientos encontrados se infiltraban sobre mí. Me apetecía encontrarme con mis padres, hermanos y familiares; pero rechazaba el hecho de volver a un escenario, el pueblo, dónde yo me sentía demasiado extraño, como fuera de mi hábitat natural.

Resulta insólito que alguien que ha tenido sus raíces profundas en el ámbito rural, sienta esta ambivalencia de sentimientos al reencontrarse con sus orígenes. Mas, el rechazo a la experiencia que tuve de trabajo en las faenas agrícolas, en una edad tan tierna, me había marcado tan negativamente, que sólo el hecho de acercarme a la villa me provocaba un temor inconsciente.

Se producían otras cuestiones que me desvinculaban de aquella realidad. El influjo que sobre mí tenía las referencias ancestrales, el modelo de religiosidad tradicional y las pautas educativas de naturaleza enfermizamente puritanas, que conformaban el familiar, me tenían constreñido, con falta de vuelo, como una gaviota indefensa atrapada en las redes olvidadas del puerto pesquero.

Me movía por el pueblo sin libertad, adoptando conductas postizas, reflejo del ideal que se suponía debía corresponderme. Trataba de representar el modelo de jovencito serio, respetuoso, responsable, educado, virtuoso, católico añejo...; y alejado del peligro de las chicas, porque como me enseñaron desde niño, “entre santa y santo...., pared de cal y canto ”. Conductas que me llevaban a mantener distancias, como si todo que supusiera cercanías pudieran contaminarme. Me relacionaba con mis paisanos como si portara un airbag invisible que me libraba de un posible choque destructivo.
 
Así pasaba por el pueblo sin integrarme en el corazón de su vida. Ausente de sus costumbres. Sin participar en sus juegos. Lejano de sus bailes. Mostrando frialdad ante posibles devaneos con el sexo femenino. Desvinculado de sus gozos y sus sombras.

Inhibido y desalentado, me sumía en una prolongada contemplación de cuanto me rodeaba desde el borde de una estratosfera indescifrable.

jueves, 13 de noviembre de 2014

La balaustrada

A la parte superior del castillo se accede por dos escaleras. La principal es magestuosa, de amplia anchura, adornada con floripondios que se distribuyen a lo largo de su balaustrada. En aquellos momentos la energía se desborda a raudales por todos los poros de su piel. El eje vertebrador que hace posible este derroche es la pasión por la vida. Una vida que cada día que pasa abre nuevas compuertas y el agua almacenada en su interior sale como un torrente, arrastrando por delante cualquier valla de negación que se interponga en su camino. Celemín trepa por las barandas de las escaleras del castillo, en sentido contrario a las leyes lógicas de la físicas, de abajo arriba, en una ascensión contracorriente. Contracorriente son también sus posiciones en las diferentes actitudes que tiene en la vida. Lo viejo, las posiciones conservadoras recibidas por imperativos ancestrales, de nada le sirven. Todo requiere un impulso creativo, el mundo está demasiado anquilosado y sometido a fuerzas estáticas que tratan de impedir a cada persona ser verdadero sujeto de su propia historia. ----------------- Pero ahora ya es otoño y el loco empieza a estar cansado de otear el horizonte, subido en la atalaya, abrumado por las esquirlas que le salpican en su posición de vigía. Ver pasar la vida le han convertido en alguien capaz de comprender los resortes que se esconden tras las conductas y actitudes de la gente que le rodea, pero siente que esa sagacidad no sirve para nada ni para nadie. Sólo para almacenar en el costal de su experiencia lastres infructíferos. Manojos de espigas enmohecidas que no sirven tan siquiera para utilezar sus frutos en nueva sementera. Se pudrirán irrevesiblemente en el rincón de lo anodino. Y es tan pesado el fardo..., toda una carga de producto inútil, un trasiego baldío arrastrado por los caminos pedregosos por los que el loco transita... Algo muy fuerte en su interior le impulsa a dar un salto hacia el vacío...,
¿Hacia arriba o hacia abajo? No sabe muy bien, ha desaparecido la balaustrada.

viernes, 29 de noviembre de 2013

REBELIÓN

Que cuelguen de los torreones las banderas de la rebeldía. Hay que romper las barreras de la sumisión. Porque de nada le sirve al cobarde enredarse en su ovillo cerrado y evitar los conflictos que le puede acarrear sinsabores. Ponerse al frente de la expedición, esa es la consigna que desde su interior siente el joven Celes, cuando ve a sus compañeros dispuestos para la batalla. No es una lucha cruenta, se trata de plantarse ante el profesor, que atiborra de apuntes a sus alumnos y los somete a exámenes traicioneros, sin visos de racionalidad. Se va despertando la sensibilidad por la injusticia, y el impulso por comprometerse lleva al grupo a una rebelión en las aulas. Y aunque al final claudica la revuelta se han dado los primeros pasos para no tragar con todo lo que venga, ni comportarse como mansos corderos ante la adversidad.
---- ---- ---- En otro tiempo está el loco, a quien le quieren quitar hasta el derecho a la queja. Ya no es tiempo para levantarse. O tal vez sí, quien lo sabe. Tal vez alguna mañana el sol le transmita el valor para enfrentarse a la carga de materiales que lleva dentro de su zurrón. Esos materiales injustificados con los que se ha dejado cargar por la vida. Muchos maestrillos han puesto sobre sus espaldas enseres innecesarios, sufrimientos sin justificación, inquietudes que no llevan a ninguna parte, y que le han impedido vivir desde la sencillez de lo simple. Sí, quizá algún día, como surgido de un tarro de alquimista, surja la fuerza para enfrentarse a los diablos que le acorralan y se desprenda del fardo que no le deja avanzar. Cuando llegue ese día, habrá ganado la principal batalla que debería realizar en su vida.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

El Espíritu Nacional

Del exterior de la fortaleza, un par de veces por semana, llega un personaje con engreimiento marcial. Su misión es instruir a los jóvenes aprendices de la vida, para que lleguen a ser dignos y valientes adultos, defensores de los valores patrios. La imaginación desbordada de Celes lo recrea como un personaje de cuento. Podía ser un ogro de dimensiones gigantes, alto como un pino, porte de lanzador de jabalina, mostacho hitleriano, movimientos estrambóticos que se hacen amenazadores cuando se va acercando con sus zancadas de tétrico emperador. Lo han reclutado para aleccionar en los valores políticos: “Formación del Espíritu Nacional”; y Celes piensa que sus enseñanzas no son más que dardos de adoctrinamiento malévolo, lanzados sobre la diana frágil de vidas vulnerables. Y él prefiere apartarlo al desván de su imaginación, donde sus enseñanzas se diluyan, como un cuento dentro del cuento. ----
La tormenta de sus devaneos deja una carga metálica sobre las sienes del loco, electricidad sin canalizar que le produce punzadas atosigantes. Siempre le ocurre. Va acostumbrándose a estas resacas que sobrelleva como una secuela asociada a sus arrebatos de chalado. Todo tiene su precio, y él tiene que pagar el suyo por haberse encaramado a la cucaña de la enajenación. Algún día, quien sabe si será más pronto que tarde, cualquier movimiento brusco puede hacerlo descender, resbalar por la superficie sebosa del poste al que se ha subido. Pero mientras ese posible incidente puede llegar, sigue dando vueltas a la noria de los principios sobre los que se sustenta la vida. “¡La inmensa mayoría de los ciudadanos están adoctrinados! ¿O alguien cree que pensamos libremente? No sé si estamos educados en “El Espíritu Nacional”, pero es difícil encontrar a alguien que funcione con impulsos originados en registros originales, los ideales se han echado a las cloacas del olvido”. Y el loco termina por ahuyentar las punzadas de su cabeza. (“Ay, loco, ¿no será que, en el fondo, te sientes protegido observando pasar el mundo desde lo alto de tu atalaya?”)

lunes, 25 de noviembre de 2013

EL RÍO DE LA VIDA

El adolescente es un río de meandros que se dirige a la adultez sin garantías de éxito. Ese fluir sinuoso deja a muchos colegas enfangados en cualquier recodo del trayecto, piensa Celes, incapacitados para desembocar como torrentera diáfana en el mar del porvenir. En la mente de nuestro joven se libra una batalla. Desea poner todo su empeño para facilitar el desarrollo; abordar los vericuetos por donde avanzar juntos hacia una meta que es en realidad una salida de tanteo. Pero, a su vez, duda. “¿En realidad merece la pena?”. Varios de los que con él habitan, dentro del Castillo, le vuelven la espalda. El se lanza a proponer cauces de diálogo, de búsqueda conjunta, de reflexión sobre los problemas que atañen, no sólo a ellos (jovencitos de escaso vuelo), sino al conjunto del ser humano. Mas no importa que haya quien se niegue a montarse en ese carruaje. Se realizan tertulias; afloran debates espontáneos; se crean grupos para realizar salidas y excursiones fuera de los muros de la fortaleza; algunos apuestan por el ocio creativo; se organizan festivales llenos de colorido, donde cada uno muestra la faceta artística más destacada... Y Celes descubre que ha prendido la mecha apasionada de forjar un porvenir no escrito. Se puede inventar el futuro.
---- ¿Qué piensa el pobre loco? Es mejor dejarlo en su estado de languidez. Hoy no está para inventar nada. Todo está ya inventado. Y los inventos, que creía haber sacado de sus propias manos, fueron copias de otros inventos intrascendentes para la vida. Sí, le hicieron feliz durante un corto periodo, pero murieron dejando atrás rastros confusos de su paso fugaz. ¿Es el momento de dejarse llevar por el río de la vida? ¿Para qué luchar contra corriente? Con lo fácil que resulta seguir los dictados de los que llevan la batuta y no salirse del redil ni del papel que te tienen asignado...

martes, 19 de noviembre de 2013

UTOPÍA

El bosque enmarañado de ideas elocuentes y presagios proféticos crece exuberante. Se asoma a un ventanal del castillo y, en la líneas visibles del horizonte, el joven interpreta los perfiles del futuro, como la gitana que lee en la mano de un aprensivo, lo que le depara el porvenir. Como si todo el caudal de la vida se hubiera adueñado de él se siente con la fortaleza suficiente para mover montañas. El mundo tal como es (con sus miserias, arritmias de envejecido trashumante, puercoespín que clava sus púas cuando intentas atraparlo entre las manos...) no muestra un semblante como para regocijarse con su trayectoria abyecta. Pero todo puede cambiar, sólo hay que empeñarse en trasformar las estructuras que lo mantienen en la órbita del egoísmo, los intereses tóxicos de los potentados, los mediocres afanes de los conformistas... Comprometerse para dar la vuelta a un dinamismo enfermizo. Esa es la apuesta para que algún día lleguen la paz, la concordia, la justicia, la distribución equitativa de la riqueza, la participación democrática de los ciudadanos, el tiempo en el que todas puedan expresar su palabra. Y ahí estará él, en el frente de esa batalla para forjar unos tiempos nuevos.
---- No son gigantes, son molinos, piensa el loco. Pero molinos descomunales que han invadido los resortes y cauces por donde circula la vida. Han taponado todas las entradas a las grutas de la esperanza. Y las lanzas de los quijotes se han destruido en esa lucha desigual, hechas trizas entre las aspas enloquecidas que se mueven sin sentido ante el rigor de huracanes turbulentos. (“Pobre loco, ¿qué pensabas...? No hay lugar para la utopía, ni espacio para cobijar los corazones dispuestos a amar gestando sueños”).

jueves, 14 de noviembre de 2013

CASTILLO DE NAIPES

Ya había dejado de ser Celemín. Todos lo reconocían como Cele, el jovencito que destacaba dentro del castillo en áreas a las que se le atribuía especial distinción. Entre ellas la de competiciones y torneos de tinte atlético. No es que sobresaliera entre las grandes figuras, pero había tenido alguna actuación relevante en ciertas competiciones en las que había participado. Esta fue la razón por la que, en momentos extraordinarios, salía del castillo para batirse en duelos con competentes deportistas. Pero Cele se encontraba extraño en las disputas con atletas destacados. "Extraño y fuera de lugar", entre tantas figuras. Tenía la impresión de que, a lo largo de su aún corta existencia, se iban repitiendo no pocas circunstancias y acontecimientos en los que se sentía presa de esa misma sensación: participar por accidente en algo en lo que inicialmente no parecía estar destinado para él. Este supuesto intrusismo le configuraban como una persona sumida en una vivencia contrapuesta: por un lado sentirse en una atmósfera de grandiosidad, tocando lo sublime, participando de lo reservado a los dioses del Olimpo...; y por otra, cercano a la vulgaridad, la mediocridad, rondando el fango de los "desheredados". ¿O tal vez esta perspectiva de sentimiento dual, era la común a todos los mortales? ¿Pasar por la vida a caballo entre la grandeza y la miseria? ¿Es esto lo que identifica a la especie como genuinamente humana?
_______________________________________________________________________________________________ Lo tiene claro el loco, en su visión desmesurada de la vida: “no hay grandeza para los que volvieron del exilio” (“¿de qué exilio, loco?”) Y el loco se siente sorprendido por la duda. El exilio de aquellos que abandonaron su lugar, su pequeño huerto, sus amigos de infancia, a la chica de pecas que fue su primer amor... Enloquecieron en la búsqueda por aspirar a metas demasiado sublimes. (¿Qué dices, loco? La esencia de la vida está en perseguir la gloria, el crédito, la riqueza, el poder, la mujer ideal..., no darse nunca por vencido...) Al final, la historia pone a cada uno en su sitio. Los hijos de los reyes reciben la herencia gratuita por haber nacido en noble cuna. La prole de los terratenientes no necesitan del esfuerzo para gozar de la hacienda que usurparon a las víctimas sus propios ancestros. Los propietarios de las grandes empresas, con frecuencia, son los descendientes de los que ya fueron propietarios en tiempos pretéritos... Y los que tuvieron que esforzarse por conquistar un porvenir exitoso, vuelven al punto de partida, cuando ya no hay vuelta atrás. Sus luchas un esfuerzo inútil, porque aunque en ocasiones creas que estás en lo más alto, cualquier remolino de los vientos te derriba para acabar mordiendo el polvo de la tierra. (“Entonces, loco, ¿qué metas hay que trazarse en vida?”) El loco calla. Tal vez esté pensando que ninguna.

miércoles, 28 de marzo de 2012

Educación, liberar el genio de la lámpara

La vida de cada persona es un misterio. La originalidad con la que somos concebidos y aterrizamos en esta historia nos constituye como personas irrepetibles y geniales. No importa que unos tengan mayores dotaciones intelectuales, dominio más destacado en habilidades artísticas o posibilidades relacionadas con su naturaleza física. Contemplar cada perfil de nuestros congéneres, incluso aquellas vidas que nos parecen más determinadas por aspectos defectuosos, nos harán ver la singularidad y genialidad del ser humano. Pero las posibilidades de desarrollo y crecimiento de las personas no se dan en todos por igual. Las condiciones de existencia de cada uno son tan dispares que pueden llevar a alcanzar cuotas grandiosas de perfeccionamiento o dejar al genio encerrado en una lámpara de Aladino. Si nadie la acaricia, el espíritu quedará aprisionado por toda su existencia, incluso engendrar deformidades. La educación cumple esa función de liberar al genio. Y es en los primeros años de vida y en la etapa adolescente donde la educación tiene una mayor incidencia. Todos podemos rastrear en nuestro pasado y darnos cuenta de situaciones vitales que han dejado profundas huella. Huellas liberadoras del genio o restregones destructores que nos han dejado aprisionados y subyugados en la estrechez de la lámpara. Educar no es adoctrinar. Se trata de hacer posible experiencias, facilitar caminos para explorar, crear cauces para descubrir el lugar que a cada uno quiere elegir, establecer mediaciones que posibilite a todos ser protagonistas y expresar su PALABRA.

miércoles, 25 de enero de 2012

Diario

Febriles dosis de pesimismo arreciaban sobre el adolescente. La melancolía, como látigo que fustigaba su mente disparatada, le impedía ver la realidad con objetividad. Un tanto perdido y desorientado, en la habitación nº 44 del internado escribía con aceleración un "Diario". De pie, a la una de la madrugada y con la determinación de tomar la cama a pesar de aún no tener sueño, se debatía entre "tirar lo toalla", dejar los estudios, o afrontar la vida con valentía y entusiasmo.
¿Merecía la pena invertir tanto esfuerzo, tiempo e incomodidad en algo que nadie le garantizaba que fuera a dar frutos? Muchos de los amigos que había dejado en el pueblo ya estaban trabajando en diferentes oficios manuales. Los estipendios logrados por ellos, iban, sin duda, a servirles de base para labrarse un porvenir lisonjero. Sin embargo él, ¿qué estaba construyendo?...¿Pero qué era lo que había provocado que hubiera entrado en barrena? ¿A qué venía ese mar de dudas? El dinero y las condiciones materiales, no habían sido nunca para él, razones de peso que determinaran las opciones vitales de su existencia. Antes bien, eran las razones vinculadas a los niveles espirituales, la estética, la búsqueda del conocimiento, el arte, la solidaridad…, las que le proporcionaban la dosis de entusiasmo necesario para vivir.El 11 de enero de 1973 era jueves. 5º de Bachillerato le atormentaba y provocaba zozobra. Intuía posibilidades de fracaso en la 2ª evaluación. Ciencias, Química y Matemáticas debían andar en la cuerda floja, tambaleándose como peonzas que van agotando su energía, agotadas de dar vueltas en torno al centro de gravedad. Y esa gravedad era la crisis que envolvía su adolescencia en la encrucijada de caminos que le tocaba vivir.






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