viernes, 13 de diciembre de 2013
CONCIENCIA
jueves, 12 de diciembre de 2013
RAPTO
martes, 3 de diciembre de 2013
MIRADA OBLICUA
lunes, 2 de diciembre de 2013
DE FLIRTEOS Y SEDUCCIONES
viernes, 29 de noviembre de 2013
REBELIÓN
miércoles, 27 de noviembre de 2013
El Espíritu Nacional
lunes, 25 de noviembre de 2013
EL RÍO DE LA VIDA
martes, 19 de noviembre de 2013
UTOPÍA
lunes, 18 de noviembre de 2013
FASCINACIÓN
viernes, 15 de noviembre de 2013
EL MITRADO EN SU LABERINTO
jueves, 14 de noviembre de 2013
CASTILLO DE NAIPES
lunes, 23 de septiembre de 2013
Autoestima y deslealtad: La saeta de la bruja
La saeta de la bruja
Cómo se escondían las brujas entre los jirones del sueño. Aparecían y desaparecían para atormentar entre tinieblas al niño que dormía la siesta. Fantasmagóricas sombras extendían sus alas sobre su lecho de infante. Atormentado por el juego lúgubre de los aquelarres virtuales, que tomaban la habitación por su aposento, se escondía entre las sábanas para escapar del sortilegio. El peque, tras varios minutos sumergido en la panzuda barriga de los embozos, sacaba lentamente la cabeza como el periscopio de un submarino que inspecciona el entorno del océano.
Los ventanales, orientados hacia la céntrica plaza del pueblo, dejaban pasar lineales haces de luz. Rayos láser naturales que hacían bailar, en su estrecho regazo, las motas de polvo ahuyentadas de los rincones del aposento. El pequeño entreabría brevemente sus ojos rendidos por la oscuridad y colgaba su mirada durante breves segundos de un hilo diminuto de luz. Y volvía a sumergirse en las profundidades del estado inerte que custodiaba Morfeo.
En la cocina, situada en el bajo de la casa, la madre se esforzaba por amortiguar el ruido que se producía en el quehacer del fregado. Las cacerolas emitían su fulgor metálico al chocar entre sí y friccionar con los bordes rocosos del pilón. Algunos de sus crujidos salían despedidos, en vuelo no deseado por ella, y se depositaban tintineantes en el primer piso, donde su nene libraba la batalla con los duendes de mal augurio. Uno de los chasquidos penetró hiriente en los oídos del niño, rompiendo definitivamente el estado semiincosciente en el que se debatía.
Y fue en ese momento cuando Celemín se percató de los gritos procedentes de la plaza. Mujeres plañideras manifestaban entre lamentos la desgracia que acababa de producirse. Un joven electricista del pueblo había muerto reventado contra el suelo, tras caer del poste de la luz desde el que realizaba reparaciones eléctricas.
El pequeño volvió a esconderse entre los lienzos que cubrían su cama. Intentaba huir de los gritos lastimeros que llegaban de la calle. Pero su corazón se quedó intimidado para siempre. Tuvo conocimiento, en su conciencia embrionaria, de que una saeta era disparada, desde el otro lado de la vida, por la bruja malvada que perseguía a los que habitaban la tierra de los sollozos.
viernes, 20 de septiembre de 2013
Autoestima y deslealtad: ALMENAS DEL CASTILLO
ALMENAS DEL CASTILLO
El amor, la pasión, el delirio, la fértil estética que descendía de la azotea de los plenilunios y de las cascadas de noches delirantes, llevaban en volandas al joven del castillo hacia el cielo de las fantasías. En ocasiones, sentía que aquella adolescencia se le iba escapando como agua cristalina entre las yemas de los dedos. Pérdida insuflada por la apertura a una consciencia de realidad más ecuánime. Otras veces, sin embargo, recaía en ella, como quien se deja cautivar por los pétalos abiertos de una flor desnuda. Se sentía dulcemente encorsetado en un juego de sentidos, rimas y palabras. Esclavo advenedizo de musas que le acechaban con su canto de sirenas. Para él, la poesía era el cobijo, el aliento, el fervor…, la fórmula mágica para saborear todo lo que llegaba a su pecho como ramillete de hortensias de primavera.
- - - - El pobre loco que transita por la pendiente del abismo, sigue ligado a la quimera de las musas. Es el único idilio que le ha sobrevivido tras los envites de desamores traición. Y se impregna del efluvios del verso como quien aspira un narcótico que le haga olvidar sus diluidas pasiones. Alivia las heridas causadas por las mezquindades lanzando al horizonte sus poemas, como grito amargo del desahuciado. Pero no, no sólo han sido los reveses de amores insatisfechos los que fustigan su espíritu hoy desvanecido. Fue el efecto de la escarcha, que heló de cuajo las yemas de los frutales que comenzaban a germinar en primavera. Fue el palpar el vacío en las entrañas, de aquellos que, en otro tiempo, creyó que estaban plenas de integridad. Fue el descubrir, en tantos con los que contaba, los bordes cortantes del desprecio por el ser humano.












